Leo Matiz

Abril 26, 2013 - 12:00 a.m. Por: Carlos Jiménez

Nació en Aracataca diez años antes que lo hiciera Gabriel García Márquez, y fue como fotógrafo un genio a la vertiginosa altura de su extraordinario paisano. Sólo que él no es tan famoso y ni siquiera tan reconocido como debiera en el mundo de la fotografía y desde luego en el del arte, todavía en mora de situarlo en el lugar excepcional que le corresponde. Otra coincidencia feliz con la vida de Gabo es su viaje a México -que realiza igualmente una década antes- y que le causó el profundo impacto que registran estas lúcidas palabras suyas: “Llegué a México en 1940, el día en que fue asesinado León Trotsky… la política, el arte, el orgullo nacional, las conspiraciones, el cine, el exilio europeo de la guerra, el muralismo, las exploraciones arqueológicas, el bolero y los sueños aplazados de la Revolución Mexicana, habían creado una atmosfera colectiva de fervor y caos en ese país”. Pero México hizo todavía más: lo puso en contacto directo con un medio fotográfico fecundado por la obra y la presencia de algunas de las figuras cruciales de la vanguardia fotográfica de la primera mitad del Siglo XX: Edward Weston, Tina Modotti, Paul Strand, Eduard Tissé, Henri Cartier Bresson, Johann Gutmann, Walter Reuter o los Hermanos Mayo. Y por la de fotógrafos mexicanos que alcanzaron la misma talla de sus colegas extranjeros: Manuel y Lola Álvarez Bravo, Gabriel Figueroa, Agustín Jiménez o Luis Márquez Romay.Leo Matiz alcanzó muy pronto el nivel logrado por todos ellos, realizando en el país azteca un tramo muy significativo de una obra que lo sitúa sin lugar a dudas como uno de los grandes fotógrafos del Siglo XX en Colombia y en el resto del mundo. A esos años pertenece su conflicto con el muralista Siqueiros, quien le encargó una serie de fotografías preparatorias de uno de sus murales -para las que posó un Ignacio Gómez Jaramillo muy joven. Siqueiros se negó, sin embargo, a reconocer la importancia del aporte de Matiz y la única respuesta a sus demandas fue la de desatar una campaña de persecuciones y calumnias que obligó a este último a abandonar México para siempre.Pero aún hay más y para mí tiene que ver con Juan Rulfo que, aparte de novelista legendario, fue un extraordinario fotógrafo. Por lo que yo no resisto la tentación de imaginarme al destino o a la providencia barajando sus cartas de tal suerte que las artes que unió en Rulfo, las repartió entre Gabo y Leo Matiz.Ahora exponen su obra en el Museo Nacional de Bogotá.

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