Le Corbusier

Julio 17, 2015 - 12:00 a.m. Por: Carlos Jiménez

Un nuevo aniversario de la muerte de Le Corbusier ha dado lugar a una polémica entre algunos de nuestros más destacados arquitectos cuyo interés sobrepasa el ámbito profesional para incorporar al del resto de la ciudadanía. Porque lo que Willy Drews, Ricardo Daza, Germán Téllez y Benjamín Barney han discutido no es solo la actualidad o la obsolescencia de la arquitectura y las lecciones del maestro suizo sino algo aún más preciso y decisivo: su concepto y su modelo alternativo de ciudad. Y eso sí que nos importa al resto de los ciudadanos por la elemental razón de que somos quienes vivimos y padecemos la ciudad y los resultados acumulados de décadas y más décadas de desgobierno de la misma. Que desde luego pueden explicarse por la corrupción y el inveterado sometimiento de nuestros gobernantes a intereses espurios por estrictamente privados, aunque no solo por estos motivos. También cuenta, y en no poca medida, que nuestros alcaldes no tienen un concepto claro de que es la ciudad y menos de cuál sería el modelo de ciudad que mejor podría guiar la cadena de transformaciones necesarias para librar a nuestra ciudad de su actual estado caótico y conflictivo. Como tantas veces he repetido en esta columna solo piensan en definitiva en hacer calles, cobrar impuestos, contraer deudas y poner policías. ¡Ah! Y patrocinar ferias, fiestas y festivales. Cualquier otra lectura de la ciudad les parece inútil o demasiado complicada como para malgastar el tiempo en intentarla. Cierto: un alcalde es o por lo menos debería ser un líder político y, en esa condición, un “especialista en lo general” para utilizar la fórmula feliz con que Gramsci calificó la labor de los filósofos. Y por lo tanto su deber no es dominar el vasto conjunto de conocimientos y de técnicas exigidas por el funcionamiento normal de una gran ciudad. Y tampoco intentarlo. En primer lugar porque es una tarea imposible y en segundo lugar porque ningún gobierno o administración puede funcionar sin dividir el trabajo. Pero lo que un alcalde si necesita tener en la cabeza es -aparte de un conocimiento de la ciudad existente- un modelo alternativo de ciudad que, como ya dije, inspire y articule las estrategias y las políticas destinadas a mejorarla significativamente. ¿Y qué mejor lugar para elaborar o para adoptar ese modelo que allí donde los arquitectos debaten precisamente sobre los modelos de ciudad?

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