Latorre Cabal

Latorre Cabal

Octubre 09, 2015 - 12:00 a.m. Por: Carlos Jiménez

Yo también me había olvidado de él, hasta que la decisión del Papa de darle un nuevo aliento al compromiso de la Iglesia con los pobres y, por lo tanto a la Teología de la Liberación, tan ninguneada por Karol Wojtila, me llevó a buscar su libro: La revolución de la Iglesia Latinoamericana, probablemente la mejor crónica que se haya escrito sobre los impetuosos movimientos de renovación del catolicismo que tuvieron lugar en los 60/70 del siglo pasado. Y que están tan olvidados como lo están la vida y la obra de su autor, Hugo Latorre Cabal, extraordinario escritor y periodista nacido en Buga en 1921, que en 1952 se exilió en México, junto con Alfonso López Pumarejo, huyendo de la campaña de terror desencadenada contra el Partido Liberal por las huestes de Laureano Gómez. Exilio que interrumpió la tarea de escribir las memorias que le dictaba quien fuera líder de la llamada Revolución en Marcha -hoy igualmente olvidada- y que fueron publicadas por Mito en 1961, bajo el apropiado título de Mi novela. Obra magnífica que habría que reeditar tanto por la diáfana claridad de su prosa como por la luz que arroja sobre la coyuntura histórica en la que se fraguó esa Violencia interminable cuyos coletazos todavía nos hieren con fuerza. Latorre Cabal se libró sin embargo de ella porque se quedó a vivir en México DF, sumándose al heterogéneo colectivo de artistas y escritores definitivamente exiliados que, llegados de muchos países, contribuyeron a fortalecer y calificar la vida cultural mexicana. Allí prosiguió con éxito la carrera de periodista que había iniciado en sus columnas del diario El Liberal con el seudónimo de Ángel Guerra y escribió, aparte del libro dedicado a la rebelión en el seno de la Iglesia, otros dedicados al Che Guevara y a Salvador Allende y otro más dedicado a Newton. Pero estos temas y estos títulos no deben confundirnos: Latorre Cabal nunca fue ni comunista ni socialista, fue, en el mejor sentido del término, un intelectual liberal, partidario de eso tan añejo del > y que en vez de escamotear o rehuir los temas más conflictivos de su tiempo se dio a la tarea de analizarlos y comprenderlos, convencido que esa es la obligación del intelectual y del auténtico periodista. Yo hoy echo en falta su compromiso con la verdad, otra de las víctimas insepultas de la guerra que padecemos.

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