La travesía

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Lo confieso: este impactante documental televisivo me seduce y me irrita al...

La travesía

Agosto 29, 2014 - 12:00 a.m. Por: Carlos Jiménez

Lo confieso: este impactante documental televisivo me seduce y me irrita al mismo tiempo. Me seduce la decisión de su director Alexánder González de contar la historia de uno de las incontables familias anónimas sin cuya “sangre, sudor y lágrimas” este país no sería lo que es. Para bien y para mal, en la fortuna y la adversidad y hasta el día que se imponga por fin la justicia divina. A la familia del documental la encabeza Robinson, un veterano leñador que junto con ella se interna en la selva del Andén Pacífico, tala un árbol enorme, lo corta, le abre a golpe de hacha y machete un camino entre la espesura hasta el río Anchicayá, donde hace con él una balsa con la que navega aguas abajo hasta Buenaventura, la desafortunada. Allí suma a todas las penalidades sufridas la de intentar vender a buen precio lo que tantos sacrificios le han costado a él y a los suyos. Como se ve es una historia épica que no desmerece de la épica historia imaginada en su día por Daniel Defoe y protagonizada por Robinson Crusoe, ese esclavista. Pero que es al mismo tiempo una irritante denuncia de lo poco o nada que nuestros gobiernos están haciendo para impedir los avances de la deforestación acelerada con la que estamos destruyendo nuestro más invaluable patrimonio natural. La excepcional diversidad que nos distingue tanto como nos distinguía la prodigiosa biodiversidad del valle del Alto Cauca hasta que permitimos que, en apenas medio siglo, el cultivo intensivo de la caña de azúcar la convirtiera en un desierto verde. Ni se me ocurre, obviamente, que lo que tengamos que hacer es prohibirle ejercer su oficio de leñadores a todos los Robinson que sobreviven penosamente gracias a él. Por favor, si ellos son víctimas. Si se tratara sólo de prohibir y de ejercer una justicia exclusivamente punitiva, prohibiría las actividades de Cartón de Colombia y de todas las empresas que talan sistemáticamente la selva o contaminan sus ríos. Pero, creo, que hay que ir más allá de comportarse como el típico Estado - gendarme al que solo le interesa la salvaguarda del orden público y adoptar una estrategia de gran aliento y larga duración dirigida a conservar la biodiversidad del Andén Pacífico mediante su transformación en un laboratorio viviente. En una fuente de información, conocimiento y cultivo de los saberes ancestrales y en un campo de pruebas de nuevas formas de convivencia con la Madre Tierra.

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