La patria boba

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En 1930, Alfonso López Pumarejo llamó, desde los balcones del legendario Hotel...

La patria boba

Enero 07, 2011 - 12:00 a.m. Por: Carlos Jiménez

En 1930, Alfonso López Pumarejo llamó, desde los balcones del legendario Hotel Granada de Bogotá, a emprender de inmediato las transformaciones que Colombia necesitaba para dejar de ser “el país que vive de las yerbas raras”. O sea, como mero exportador, primero de tabaco, luego de la quina y añil y finalmente del café, sin ser capaz en ninguno de esos ciclos poscoloniales de romper con su condición de país campesino cuyo único cordón umbilical con el mercado mundial era la exportación de esos productos agrícolas apetecidos por los países industrializados de la época, por ser precisamente eso: “Yerbas raras”. Pues bien, hoy estamos a punto de ver cumplido el deseo de López Pumarejo, aunque desgraciadamente no en los términos que él tenía entonces en la cabeza. De hecho nuestras exportaciones de “yerbas raras” -incluida la más reciente, la cocaína- van a ceder, en beneficio de las exportaciones de minerales, el lugar de privilegio que durante tanto tiempo ocuparon en la historia económica del país. Exportaciones de oro, petróleo, carbón, hierro y quién sabe cuántos minerales más depositados en las entrañas de esa tercera parte de la geografía del país que el pasado gobierno entregó en concesión a un puñado de multinacionales mineras. Pero lo triste de esta noticia no reside sólo en el tamaño asombroso de esas concesiones y ni siquiera en la catástrofe ecológica anunciada por la decisión de dichas multinacionales de recurrir a la devastadora minería a cielo abierto, sino en el hecho de que pasamos del ciclo histórico de las yerbas raras, al de la minería intensiva, sin que en el camino hayamos realizado el sueño de López Pumarejo de ver a Colombia convertida en un país industrializado y moderno. Al contrario: hoy somos un país en vías de desindustrialización, cuya urbanización es cualquier cosa menos moderna y que ni siquiera ha sido capaz de construir las vías que necesita para comunicar entre sí a todas sus regiones. En Colombia tenemos un promedio de 287 kilómetros de carreteras pavimentadas por millón de habitantes, mientras que en el vecino Ecuador -al que solemos mirar con aires de superioridad- ese promedio se eleva hasta los 478 kilómetros. O sea, casi al doble. Y ni hablemos de España, donde el promedio nos resulta de ciencia ficción, de ‘Guerra de las galaxias’: ¡15.400 kilómetros por millón de habitantes! Bueno, nos quedan el dulce manjar blanco, Shakira, Juanes y el consuelo de los tontos.

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