La guerra estéril

La guerra estéril

Septiembre 14, 2012 - 12:00 a.m. Por: Carlos Jiménez

La guerra que llevamos padeciendo hace ya no sé cuántos años es ciertamente un rosario interminable de sufrimiento y luto, causado por los centenares de miles de muertos, torturados, secuestrados y desaparecidos, lista a la que desgraciadamente hay que añadir millones de desplazados. Pero con todo y lo terriblemente dolorosa que resulta la evocación de esta inconsolable tragedia no podemos abstenernos de pensar y decir que esta guerra ha sido singularmente estéril allí donde tantas otras guerras han sido fértiles. Y lo afirmo desde el hecho incontrovertible de que la guerra ha sido a lo largo de la historia, y para bien y para mal, un poderoso motor del desarrollo económico y del progreso científico técnico, tal y como lo demuestra en nuestra época el caso verdaderamente ejemplar de los Estados Unidos de América. En el Siglo XX esta superpotencia libró dos guerras mundiales, aparte de la Guerra Fría y de dos guerras, la de Corea y la Vietnam, tan devastadoras que parecían mundiales. Pero, aparte de matar y morir en ellas, los Estados Unidos las utilizó para obtener avances científicos y técnicos prodigiosos en campos tan diversos como la aeronáutica, la industria aeroespacial, las comunicaciones, la informática, la medicina, la botánica, la biología, la nanotecnología o la energía nuclear, para mencionar solo los ejemplos más destacados en el campo de las llamadas ciencias duras. Y qué decir de la industria armamentista, la más avanzada del mundo en muchos aspectos, y que en su complejidad y ramificaciones involucra tantos y tan variados intereses y genera tantas oportunidades de inversión y fuentes de trabajo calificado que no es de extrañar el amplio apoyo que reciben los líderes políticos que un día sí y otro también proponen que América se embarque en una nueva guerra.En cambio nosotros, que nos estamos gastando actualmente un millón de dólares diarios en esta guerra cuyo fin no parece tener cuándo, poco o nada hemos sacado de ella en términos de desarrollo económico y tecnocientífico. Por no conseguir no hemos conseguido ni diseñar y patentar una triste pistola. Y ni hablar de otros armamentos más sofisticados como ametralladoras pesadas, blindados, helicópteros y aviones de combate o de transporte o misiles. ¡Ni soñar siquiera con el diseño y fabricación de un satélite que nos provea de nuestra propia información estratégica¡ ¡Qué guerra tan estéril esta que no ha dejado más que odio y desesperación!

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