La cuestión india

Marzo 01, 2013 - 12:00 a.m. Por: Carlos Jiménez

La cuestión india está ocupando por fin un lugar destacado en la agenda política americana. Desde Canadá hasta la Tierra del Fuego, los indios recuperan o adquieren un protagonismo que dábamos por definitivamente sepultado desde la Independencia, cuando el relegamiento colonial de los que hoy llamamos ‘pueblos originarios’ no fue resuelto sino ratificado e incluso agravado por esa misma independencia. Algo hicimos los colombianos con la Constitución de 1991, que les reconoció derechos sobre unos territorios ancestrales siempre amenazados por la colonización salvaje y el saqueo de sus recursos naturales. Medida insuficiente desgraciadamente, tanto porque la ley de la selva sigue imperando en nuestros campos como porque las multinacionales de la minería se aprovechan de indefensión de muchas comunidades indias para firmar con sus líderes unos contratos cuyos términos leoninos pervierten el propósito del constituyente primario de devolverle a los indios el derecho al pleno disfrute de las tierras y los recursos naturales que son suyos. Afortunadamente los indios colombianos hoy no están solos porque se están incorporando a una red de pueblos y tribus que gracias al internet y la radio está coordinando iniciativas de todo tipo y forjando una conciencia india común a escala continental, cuyo avance y fortalecimiento cada día resulta más innegable. Como lo demuestra la nueva Constitución Política boliviana que reconoce el carácter plurinacional y multicultural de Bolivia, y cuya aplicación es liderada por un presidente de la república como Evo Morales, que ha hecho suyo el término de Abya Yala, acuñado por los Kuna, para referirse a lo que todavía llamamos América. Así como el concepto elaborado por los quechuas del Sumak Kawsay, del buen vivir, que para Morales condensa la alternativa ética y política a la civilización del individualismo a ultranza y la depredación inmisericorde la naturaleza que nos tiene al borde la catástrofe. Tanto por los devastadores efectos sociales de la crisis económica que se ha instalado para quedarse en Norteamérica y en Europa Occidental como por los efectos todavía más perniciosos del calentamiento global. Desgraciadamente nuestra política da la espalda a estos cambios estratégicos dominada como está por el mito de la ‘locomotora minera’, que hoy enmascara y justifica la vieja tendencia a atropellar impunemente a los indios. Nuestros hermanos, nuestros semejantes.

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