La casa de la vida

La casa de la vida

Diciembre 10, 2010 - 12:00 a.m. Por: Carlos Jiménez

La historia de la arquitectura no puede contarse sin contar con esas casas paradigmáticas que han llegado a serlo por su capacidad de condensar ejemplarmente una tendencia arquitectónica relevante, significativa, histórica. Pienso en casas puramente imaginarias como la cabaña primigenia del bosque propuesta por el abate Laugier como la potente matriz de la arquitectura ilustrada. Y pienso también en casas mucho más materiales como la Robie House de Frank Lloyd Wright, de la que tanto aprendieron las vanguardias arquitectónicas europeas de principios del siglo pasado. O en la Farnsworth House, la casa que Mies van der Rohe plantó en medio de la campiña de Illinois para demostrar cuán radical podía ser él en la reducción de la arquitectura a términos puramente abstractos. Y que es precisamente la casa de la que se han apropiado Bik Van der Pol -una pareja de artistas holandeses- para articular la obra con la que han participado en una exposición inaugurada en el Museo de Arte Contemporáneo de Roma, la semana pasada. Ellos se hicieron con los planos de la casa de Mies, la reprodujeron fielmente a escala 1:75 y la llenaron después de mariposas provenientes de las cuatro esquinas del planeta, que se quedarán allí hasta el final de la muestra. El racionalismo implacable de Mies ha sido sometido a todo tipo de críticas, pero ninguna de las que yo conozco ha sido capaz como esta obra de poner de manifiesto de manera tan directa el conflicto de ese racionalismo con la vida. Pero no la vida humana, a la que Mies intentó disciplinar tan severamente, sino esa vida de la que los hombres no somos más que una de sus manifestaciones, aunque ciertamente la más destructiva de todas. Esa vida a la que también pertenecen las mariposas a las que los artistas holandeses han ofrecido un refugio efímero en una réplica de la casa de Mies expuesta en el imponente espacio del arte, en un gesto que quiere ser tan ejemplar como de hecho lo fue dicha casa durante décadas. Y aunque me entusiasma que lo hayan hecho no puedo menos que llamar otra vez la atención -como ya lo hecho aquí antes– sobre la casa de las mariposas que ya tenemos los caleños. La casa diseñada por los arquitectos Diego Barajas y Camilo García que debería convertirse en el anticipo de la revolución ecológica en nuestras maneras de hacer, de sentir, de pensar y de vivir que nos permitirá conjurar por fin el catastrófico cambio climático que ya nos está ahogando.

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