Gustavo Vivas

Gustavo Vivas

Octubre 01, 2010 - 12:00 a.m. Por: Carlos Jiménez

El próximo lunes se celebrará una ceremonia solemne en el auditorio de la Facultad de Ciencias de la Administración situado en la sede de San Fernando de la Universidad del Valle, cuyos protagonistas serán Iván Ramos Calderón -su actual rector– y Justo Nieto, ex rector de la Universidad Politécnica de Valencia, España, quien recibe el doctorado Honoris Causa de manos de Ramos Calderón. Justo Nieto se ha hecho sin duda acreedor a ese reconocimiento debido tanto a sus calidades académicas, como al hecho de que hace 17 años fue quien firmó, en nombre de la Universidad Politécnica de Valencia de la que entonces era rector, un marco de colaboración con Univalle que ha resultado particularmente fructífero. Lo fue tanto en el terreno de la calificación del profesorado como en el de la investigación aplicada: ambos estimulados por el programa de doctorados cooperativos semipresenciales ofrecido por la universidad valenciana a los doctorandos de nuestra universidad. Pero con todo y lo importante que ha sido el compromiso de Justo Nieto con estas valiosas iniciativas -y el de Jaime Galarza, todo hay que decirlo- es de justicia reconocer que las mismas no habrían llegado tan lejos, como de hecho han llegado, de no haber mediado el entusiasmo, la dedicación y los esfuerzos que durante todos estos años les ha consagrado Gustavo Vivas a su realización. Él es para mí uno de los personajes de nuestra generación, alguien que siempre ha destacado por su deseo de satisfacer sus ambiciones personales de un modo que le permitiera a los demás satisfacer las propias. Yo lo conocí cuando era un estudiante de arquitectura empeñado en escribir un ensayo sobre la condición humana, capaz de redimir esa condición alienada que Herbert Marcuse había diseccionado en El hombre unidimensional. Pretendía utilizarlo como carta de presentación en la Universidad de Lovaina, donde quería continuar sus estudios. Al final nunca fue a Lovaina sino que siguió con nosotros y se convirtió en uno de los más destacados dirigentes estudiantiles de los años 70. Algo que le costó la cárcel y esa expulsión de la Universidad que le obligó a marcharse a Valencia, donde obtuvo finalmente su título de arquitecto. Y un empleo en la Oficina de Acción Internacional de la UPV que le permitió concentrar todas sus energías en sacar adelante convenios y programas como los que el lunes van a recibir un merecido reconocimiento en la persona de Justo Nieto.

VER COMENTARIOS
Columnistas