Fantasmas

Junio 06, 2014 - 12:00 a.m. Por: Carlos Jiménez

Las obras de arte son según el contexto. Lo demostró de manera radical Marcel Duchamp: expuso un orinal en una exposición de arte y lo convirtió en una obra de arte. Probablemente la más famosa de Siglo XX. O la más influyente y de mayores consecuencias. A Óscar Muñoz no le hacen falta los museos para que las suyas se conviertan en obras de arte. Pero en cada lugar donde las expone se muestran de manera distinta, enseñando facetas de sí mismas que de otra manera no habrían salido a la luz. Así ocurre por lo menos con el conjunto de sus trabajos que desde el pasado martes están expuestas en el museo Jeu de Paume de París, que forman una insólita constelación con las de la fotógrafa húngara Kati Horna y las de la artista de Tanzania Kapwami Kiwanga. La primera expone un conjunto excepcional de las fotografías que realizó durante la Guerra Civil Española, con el propósito de mostrarle al mundo el rostro del pueblo trabajador que entonces se oponía al aterrador empeño de Franco, Hitler y Mussolini de reducirlo de nuevo a la servidumbre. Mientras que Kiwanga dedica una instalación y una serie de objetos y de videos a reivindicar y a fabular un episodio histórico así mismo traumático: el levantamiento de los tanzanos contra los colonizadores alemanes, que tuvo lugar entre 1905 y 1907 y que llegó a ser conocido como la rebelión Maji Maji.La reunión de estas tres exposiciones tiene, entre otros efectos, el de poner de presente cuán importante es el fantasma en buena parte de la obra de Muñoz. Aliento resulta reveladora en este sentido, porque los desaparecidos que cita se desvanecen apenas el espectador que los evoca pierde el aliento. También lo es Cortinas, las piezas que realizó hace un par décadas, que muestran las manchas borrosas de cuerpos desnudos. Que podrían ser sólo de quienes se duchan tras de una cortina pero que en realidad son fantasmas. Cuerpos incorpóreos e inasibles como restan de los protagonistas de la insurrección Maji Maji evocados por quienes hoy narran su gesta y recuerdan su sacrificio. E igual de incorpóreo e inasible es el rostro de la mujer que invade de repente el duro muro de piedra de una catedral española fotografiada por Kati Horna en 1937. Y que si se inmiscuye de ese modo es porque la fotografía es una casa de fantasmas que se entremeten incluso en la fotografía hecha con fines solo documentales. El arte de Óscar Muñoz consiste en conjurarlos.

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