Evelia Marmolejo

Septiembre 11, 2015 - 12:00 a.m. Por: Carlos Jiménez

Evelia Marmolejo regresa después de muchos años a la escena europea y lo hace la próxima semana con una exposición en la galería de Ida Pisani en Milán, cuyo contenido demuestra hasta qué punto ha sido y sigue siendo definitivo su vínculo con la Tierra. Porque el suyo, aunque es un arte de mujer, es el arte de una mujer tan compenetrada con la Tierra que siente que su cuerpo es tan suyo como lo es de ella. Así lo prueba su trayectoria artística que -pese a una prolongada interrupción- ha consistido siempre en acciones en las que se alternan el enaltecimiento desafiante de los ciclos naturales con la crítica apasionada de la violencia con la que nuestro sedicente American way of life los interrumpe y degrada. En los años 80 del siglo pasado -cuando se inició en el arte en tándem con Rosemberg Sandoval- ella cedió a los llamados del radicalismo político pero lo hizo sin apartarse de su cuerpo ni dejar jamás de considerarlo el medio y el fin de su arte. Y de la vida, desde luego. Porque es la vida la que hoy resiste, como en un último baluarte, en el cuerpo, como ella bien nos lo ha hecho saber con los usos extremos, desesperados, de su cuerpo. Ahora recuerdo, por ejemplo, la acción en la que ella cavó una fosa en uno de los playones de las riveras del río Cauca, la llenó con placentas recogidas en los hospitales y completamente desnuda se sumergió hasta el fondo en ella. Fue su regreso al útero materno solo que no al de su propia madre sino al de la Madre Tierra. En donde Ida Pisani recurrirá a otra modalidad de esta simbiosis, poniéndose en el lugar y el papel de la Madre Tierra para componer una cierta denuncia de hasta qué punto esa madre nuestra que es la Tierra y no está en el Cielo, está siendo desangrada actualmente por la gran minería y la deforestación despiadada.En las salas de la misma galería de arte donde la guatemalteca Regina Galindo se talló en un muslo con la punta de una navaja el insulto de “Puta”, Evelia Marmolejo se sentará y se dejará sangrar por cinco sanguijuelas durante el tiempo que dure la exposición de sus obras. La acción se titula Extractivismo y es una doliente parodia del crecimiento desaforado de las actividades extractivas que, luego de diezmar al país, ha terminado arruinando su economía. Pero también pretende indicar el camino de la sanación que no es otro que el de sentir como propios los dolores que causamos a la Madre Tierra.

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