Evans, Davis, Dorado

Enero 31, 2014 - 12:00 a.m. Por: Carlos Jiménez

La próxima semana vendrá a Cali, a ofrecer una conferencia en Univalle, Wade Davis, el ilustre etnobotánico norteamericano autor del El Río, un libro impresionante donde los haya, y fruto no solo de su vocación profesional sino también del amor que muy pronto sintió por la selva, sus pueblos y sus tribus. Pero producto también de la amistad y la lealtad a su maestro, Richard Evans Schultes, quién lo inició tempranamente tanto en la etnobotánica como en el amor por un mundo al que ambos eran al comienzo radicalmente ajenos: la Amazonía. Una historia entretejida por el amor y la amistad que sin embargo no concluyó allí, en esos extraordinarios científicos, sino que ha sido prolongada por Antonio Dorado -uno de nuestros más notables cineastas- quien en 2012 estrenó Apaporis: secretos de la selva, un documental calificado con toda justicia por Phillip Glass, como “hermoso y lleno de poder”. Y que no se habría realizado jamás de no ser tanto por El Río, un libro cuya lectura -confiesa Dorado- “me dio a conocer un país que habito pero que desconozco”, como por la “afortunada amistad” que él trabó con su autor. Así como por el legado del propio Evans Schulte: “Cuando estuve en la casa de Wade Davis -cuenta Dorado- él me enseñó algunas fotografías que su maestro había tomado con una cámara réflex en el Apaporis. Tan pronto las vi, esas imágenes me impactaron, no solo por la belleza de los paisajes selváticos, sino por la fuerza emociona de una vida cotidiana extraña y particular. Con el paso de los días, las fotografías se convirtieron en el dispositivo narrativo que me permitirá contar la historia, al emprender la travesía entre Mitú y el río Apaporis”. A mi esta historia me conmueve singularmente. Y no solo porque lo que tiene de canto a la amistad sino por la exaltación que supone del amor por la selva y sus gentes, que comparto y que llevo años esforzándome por compartir por medio de esta columna. Y no solo por razones exclusivamente románticas -aunque también- sino porque creo que en la medida en la que, como cultura y sociedad asumamos ese amor, podremos corregir el rumbo de destrucción y violencia que estamos llevando. Y que se manifiesta con especial virulencia en la selva que aún nos queda, a la que consideramos sólo un depósito de materias primas baratas que podemos explotar sin ningún miramiento por las vidas que tan cruel e irresponsablemente cegamos.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad