¿En blanco?

Noviembre 07, 2014 - 12:00 a.m. Por: Carlos Jiménez

Benjamín Barney, que es un magnífico arquitecto y un ciudadano ejemplar, ha escrito una nueva columna en defensa del voto en blanco, como medio para recuperar para la ciudadanía las instituciones parlamentarias que deberían estar a su servicio y no al de las “empresas electorales” que actualmente las usan para satisfacer sus intereses espurios. Yo, como tantos otros, comparto el interés de Barney por la indispensable y urgente regeneración de nuestras instituciones democráticas, pero sigo discrepando con su creencia de que el voto en blanco es el método más apropiado para lograrlo. Eso de forzar a repetir una elección porque el voto en blanco supera al resto de los votos puede garantizar que no se vuelvan a presentar los de siempre: esos políticos contumaces a los que el movimiento Podemos de España no duda en calificar de “casta”. Pero esa victoria del voto en blanco no impide que quienes se van confeccionen nuevas listas con desconocidos, aparentes o reales, que sin embargo desde ya están dispuestos a repetir las prácticas clientelistas y a demandar sin tapujos el CVY (Cómo voy yo ahí). De hecho, si algo tiene de insidiosa la casta de políticos desvergonzados, es su capacidad de reproducirse generando retoños que más que retoños son clones: ingresan a la política a hacer más de lo mismo. Barney argumenta, además, que la limpieza del campo electoral que hipotéticamente facilitaría el voto en blanco, le despejaría el campo a otras caras, a otros nombres, nuevos, honrados, con ideas verdaderamente claras sobre cómo identificar el bien público y cómo servirlo y defenderlo con transparencia. Pero yo le pregunto a mi estimado arquitecto: ¿Por qué esperar a un incierto triunfo del voto en blanco para presentar en público esa nómina de ciudadanos virtuosos, capaces, de regenerar nuestra decaída democracia? ¿No se emplearían mejor las fuerzas promoviendo desde ya a estos nuevos líderes, en vez de malgastarlas en una propuesta como la del voto en blanco, aunque lo diga Barney, tiene muchos problemas? La política es un arte y una ciencia compleja, que trata de algo tan explosivo como el poder y que solo puede hacerse con seres humanos de carne y hueso. Con todas sus virtudes pero también con todas sus miserias. Con ángeles y demonios. Por lo que exige a quienes quieren intervenir en ella el diseño de estrategias cuya sofisticación no me parece que alcance la propuesta del voto en blanco.

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