El puñado de dólares

Marzo 04, 2011 - 12:00 a.m. Por: Carlos Jiménez

Hay ocasiones en las que un puñado de dólares vale mucho más que todo aquello que con él podría comprarse. Y una de esas ocasiones se dio la semana pasada cuando la Cámara de Representantes de los Estados Unidos de América decidió eliminar la financiación del Panel Gubernamental Climático (Ipcc), el grupo de expertos creado por la Organización Meteorológica Mundial y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente con el fin de monitorear y analizar la evolución del cambio climático. El Partido Republicano propuso esta supresión, escudándose en un informe de la Climate Science Watch que afirma que los informes de la Ipcc ya no son necesarios. Y el defensor de la misma, el representante por Missouri Blaine Luetktmeyer, argumentó que “los científicos manipulan los datos sobre el clima” (…) para permitir que “un pequeño número de alarmistas del clima pueda continuar avanzando en su agenda ambiental”. Es evidente que cualquiera puede quitarle importancia a esta noticia argumentando que al fin y al cabo lo que estaba en juego en esa decisión eran apenas US$2,3 millones, que es la exigua cantidad con la que el gobierno de los Estados Unidos contribuía a financiar el Ipcc, y que es apenas un puñado de dólares si se lo compara con las cifras astronómicas del actual presupuesto federal. Pero el problema grave no está en esos cuantos dólares, sino en una decisión política que confirma la tendencia del establishment de Washington a negar el cambio climático y evitar comprometerse en estrategias multinacionales destinadas a conjurarlo. Todos recordamos la terca negativa a ratificar el Tratado de Kioto, que firmó Clinton en las últimas semanas de su gobierno sólo para que George W. Bush retirara esa firma en las primeras semanas del suyo. Y todos recordamos la comparecencia relámpago de Obama en la Cumbre de Copenhague sólo para desbaratar cualquier intento, ya no de mejorar, sino tan sólo de prolongar la vigencia de dicho tratado. Con la decisión de privar de fondos federales al Ipcc los parlamentarios norteamericanos han enviado al mundo un nuevo mensaje ominoso: olvídense del tal cambio climático, cuyos denunciantes no hacen más que entorpecer los buenos negocios. Como el que piensa hacer GreyStar, la multinacional canadiense que tantos beneficios espera obtener explotando el oro del páramo de Santurbán, en Santander, sin importarle un comino que con esa explotación destruya un ecosistema excepcional.

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