El Plan y la U

El Plan y la U

Abril 29, 2011 - 12:00 a.m. Por: Carlos Jiménez

El Plan Nacional de Desarrollo presentado por el Gobierno Nacional ha sido recibido por una extensa batería de críticas razonadas y razonables que, sin embargo, no voy a repetir aquí, porque prefiero centrarme en aquellos aspectos de la filosofía del mismo que afectan negativamente el futuro de Cali y del Valle del Cauca. Y no me refiero sólo a la orientación del Plan hacia la gran minería, tan cuestionable y tan reñida con la tradición agrícola e industrial del Valle, sino también a su concepción de la universidad y del papel que ella debe jugar en el presente y el futuro del país. ‘La privatización’ es la contraseña mágica con la que los autores intelectuales del Plan pretenden resolver todos los desafíos que afronta y todos los problemas que padece la universidad colombiana, sin que, aparentemente, hayan pensado seriamente que esos desafíos y problemas no pueden reducirse a los que enfrenta cada universidad considerada como una empresa aislada, cuyo funcionamiento efectivo depende exclusivamente de su cuenta de resultados. Aquí está el error estratégico que cometen los planificadores de este gobierno y que intentan que también cometamos todos. No, la universidad no es una empresa como cualquier otra, sino una empresa de carácter estratégico que debe ser encuadrada siempre en la estrategia con la que el Estado y la sociedad de un país deben responder a los desafíos que resultan vitales. Y qué duda cabe de que la estrategia que necesita poner en marcha con toda urgencia este país no es la que le devuelva a su condición colonial de explotador y exportador de minerales preciosos, sino la que le permita internarse audazmente en la era de la información y del conocimiento. Allí es donde hay que situar los problemas de la universidad colombiana y no en los de una contabilidad mezquina en la que finalmente las cuentas no terminan saliendo ni para atrás ni para adelante. En el Valle, en concreto, hay que asumir que las políticas y las finanzas públicas regionales deben adoptar como una de sus prioridades la transformación de nuestras mejores universidades en uno de los más potentes motores de la reorientación de nuestra sociedad hacia la producción de conocimiento y de información. Algo que, tal y como he venido insistiendo en esta columna, está asociado a reconocer y valorar las posibilidades que ofrece la biodiversidad del Andén Pacífico a la investigación científica de primer orden y al desarrollo de las biotecnologías.

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