El Papa Francisco

Diciembre 19, 2014 - 12:00 a.m. Por: Carlos Jiménez

Al cabo de un año especialmente turbulento, en el que la política nos ha deparado tantas sorpresas y sobresaltos, ha llegado la hora de elegir al personaje del año. Elección difícil porque en mi cabeza juegan los nombres de José Mujica por la legalización de la marihuana o de Evo Morales por la incorporación de Bolivia a Mercosur e inclusive el de Santos por reabrir las negociaciones de La Habana o el de Obama por reconocer que 50 años de bloqueo a Cuba no han servido para nada distinto a perpetuar su régimen socialista. A pesar del peso de estas candidaturas me he decidido sin embargo por el Papa Francisco porque gracias a él este año ha sido para la Iglesia Católica y sus millones de fieles en todo el mundo un bonum anno, un buen año. El año en el que la iIglesia comenzó a recuperarse del aislamiento y el ensimismamiento eurocentrista al que la condujo el empecinamiento doctrinario de Benedicto XVI y a responder con medidas efectivas a la grave crisis producida por la proliferación de las denuncias en Estados Unidos y en otros países del orbe católico no solo del crimen de la pederastia sacerdotal sino del encubrimiento del mismo por las autoridades eclesiásticas. Eso para no mencionar el escándalo que representó para las multitudes católicas empobrecidas de golpe por una crisis económica mundial tan grave como la de 1929, el espectáculo de un Papa empeñado en restaurar el boato que rodeó al vicario de Cristo en las épocas de irritante esplendor del cesaropapismo. Por aquí empezó el cardenal Bergoglio, que al ser nombrado Papa rompió de inmediato la tradición monárquica de numerar los nombres adoptados por Papa y pasó a llamarse simplemente el Papa Francisco. Elección que, aparte de reivindicar a Francisco de Asís, que fue santo por su renuncia a la riqueza y su amor por la naturaleza, anunciaba un cambio de rumbo en la política vaticana con respecto a los movimientos sociales de protesta, ahora convocados por el Papa a Roma para escuchar su voz y abrirse a sus razones. También abrió su corazón a los divorciados y con más cautela a los homosexuales, entreabriendo una puerta cerrada a cal y canto hace siglos por la iglesia. En política internacional su posición ha sido la del diálogo y el mutuo entendimiento en un mundo en el que se multiplican las guerras y agravan los enfrentamientos. Tal y como ha hecho ahora propiciando los acuerdos entre Washington y La Habana.

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