El país se achicharra

Agosto 17, 2012 - 12:00 a.m. Por: Carlos Jiménez

Y el mundo se achicharra. En Groenlandia, la imagen por excelencia de los desiertos helados del Ártico, las temperaturas han aumentado tanto que han descongelado el 97% de su superficie. Y remarco “superficie” porque el deshielo solo ha afectado las capas más epidérmicas de la mayor reserva de agua dulce congelada del mundo, que en algunas partes alcanza los 2 kilómetros de profundidad. Y demos gracias a Dios, porque si Groenlandia se hubiera descongelado completamente el nivel de los mares habría subido hasta 2 metros poniendo en grave peligro la existencia de ciudades como Nueva York, Boston, Miami, La Habana, Río de Janeiro, Montevideo o Buenos Aires, para mencionar solo algunas importantes de las ciudades del litoral atlántico de América. Pero no nos tranquilicemos antes de tiempo, que ese deshielo verdaderamente apocalíptico está a la vuelta de la esquina, como quien dice. O sea en el 2040, según los expertos, cuando la mayoría de nosotros probablemente estaremos muertos, digo por si le sirve de consuelo a quién no piensa más que en sí mismo y no le importan ni siquiera sus hijos. Y menos que menos sus nietos.De hecho la situación es tan grave que hasta en los Estados Unidos de América, refugio impune y bien pagado de los negadores por sistema del fenómeno del calentamiento global, han comenzado a preocuparse. Y no porque los integrantes de los Think tank aceitados por las generosas donaciones de las multinacionales del petróleo hayan descubierto de repente lo que los especialistas en el cambio climático descubrieron hace décadas. No. Lo que ha pasado es que es tan abrasador el verano que está asolado actualmente al país que un promedio del 50% de sus cosechas se ha perdido, quemadas por el sol y la sequía. Y claro, a los “especialistas” que llevan años y años negando el fenómeno del calentamiento global, les queda ahora muy duro, muy contra evidente, repetir una vez más en público la cantaleta de que el tal fenómeno no existe, que no es más que otra calumnia de “ los enemigos de América”.Nosotros, en cambio, ni creemos ni no creemos porque, impedidos por esa mezcla de indiferencia, desidia y resignación con la que enfrentamos las noticias del mundo, ni nos atrevemos a pensar que podríamos hacer algo. Que si el calentamiento global se produce también es por nuestra culpa. Y no solo por esa manía de comprar carros sino por nuestra indiferencia ante la destrucción de la selva del Andén Pacífico.

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