El desierto verde

El desierto verde

Septiembre 30, 2011 - 12:00 a.m. Por: Carlos Jiménez

Hay ciertos días en que me da por suponer que el calificativo de Cali como ‘Sultana del Valle’ no tiene su origen tanto en la admirable torre mudéjar de San Francisco sino en nuestra obstinada predilección por el desierto. Pero no por el tópico desierto de arenas infinitas y soles despiadados sino el ‘desierto verde’, el desierto del monocultivo, que supone, como su doble de arena, el drástico y empobrecimiento de los ecosistemas. Y aunque duela decirlo, el valle geográfico del Alto Cauca -o sea nuestro valle para entendernos– es un desierto verde desde que hace medio siglo o más optó por desecar los humedales y consagrarse casi que exclusivamente al cultivo de la caña de azúcar, arrinconando o empujando hacia el pie de monte la notable variedad de cultivos que exhibía entonces una agricultura que era tanto comercial como de pan coger.Esta merma tan significativa del ecosistema de nuestro valle fue justificada por razones de maximización de beneficios empresariales, que son las mismas que ahora se esgrimen para mantener la estrategia del ‘desierto verde’ combinando el cultivo de la caña de azúcar con el de la soya, por ejemplo. Pero si en aquellos años esos argumentos todavía podían pasar por irrebatibles, debido a la escasa o nula consciencia ecológica de entonces, es evidente que ya no pueden serlo más. Que tanto la consciencia global del catastrófico climático que se nos echa encima, por mucho que lo nieguen los corruptos políticos de Washington, como la de las empobrecedoras consecuencias ecológicas de la ‘revolución verde’, ponen seriamente en cuestión un modelo de desarrollo agrícola que sólo trae al desierto, por mucho que ese desierto se vista de verde intenso.Por este motivo deploro que prácticamente ninguno de los actuales candidatos a la gobernación del Valle se plantee seriamente la pregunta de si los vallecaucanos vamos a seguir atados al modelo de la desertificación verde o, si por el contrario, vamos a explorar otras alternativas, más apropiadas, más actuales. Más ecológicas e inclusive más rentables en una coyuntura como la actual en la que riqueza y la diversidad de los ecosistemas vale más que el oro. Por mucho que digan lo contrario quienes en la era del conocimiento y la informática piensan que el progreso lo traen las ¡locomotoras¡ Que, paradójicamente, son los mismos que ni siquiera piensan en ellas cuando se trata de resolver los problemas del tráfico en Cali y en el Valle.

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