Cosmopolítica

Cosmopolítica

Noviembre 21, 2014 - 12:00 a.m. Por: Carlos Jiménez

Así, con ese neologismo tan enigmático como sugerente, es calificada por la curadora María Belén Sáez de Ibarra la exposición dedicada a la selva amazónica, abierta actualmente en el museo de la Universidad Nacional de Colombia de Bogotá. El neologismo puede sorprender o confundir pero sin embargo obedece a una intención muy clara: llamar la atención de la ciudadanía y del público del arte sobre el carácter global de la catástrofe ambiental que se cierne sobre la selva amazónica y que amenaza no solo la supervivencia de sus fecundos ecosistemas sino la de quienes han logrado el más alto grado de simbiosis con ellos: los pueblos y las tribus indias. Y no solo a ellos: también está amenazada la humanidad en su conjunto porque la Amazonía, al igual que la selva del Andén Pacífico, es uno de los pulmones no solo nuestros sino de todos los habitantes de un planeta que cada día que pasa se ahoga más en las emisiones y los vertidos tóxicos que generamos a un ritmo endiabladamente industrial. Y digo “generamos” porque lo cierto es que como consumidores modernos -como consumidores compulsivos de mercancías que sólo pueden obtenerse mediante la explotación a una escala nunca antes vista de los “recursos naturales”- no somos ajenos a la destrucción inmisericorde de estos últimos. Por lo que un auténtico viraje en este rumbo catastrófico solo puede producirse si se cambian radicalmente nuestras maneras de pensar y desear y nuestra entrega o nuestra complicidad con una voluntad de poder que, ejercida despiadadamente naturaleza, no puede ser más destructiva. De allí la urgencia de una revolución cultural como la que nos invita a emprender esta formidable exposición y que tiene en el aprender de la sabiduría y los modos de vida de los pueblos de la selva, una de sus obligaciones más perentorias. Ellos se relacionan con la selva de una manera que puede guiarnos en la tarea de establecer con la naturaleza una nueva forma de relación con ella, menos agresiva y depredadora, más armónica y equilibrada, más sana. Si el culto a la Antigüedad griega y romana articuló la revolución cultural que tanto contribuyó al impresionante despliegue a escala planetaria de la modernidad y de sus múltiples secuelas ya es hora de que el papel de ese culto sea desempeñado en nuestra cultura por el cultivo de la naturaleza y de la propia vida en la que los indios han demostrado ser maestros.

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