Capitalismo perezoso

Julio 09, 2010 - 12:00 a.m. Por: Carlos Jiménez

Lo malo del capitalismo no es que sea capitalismo sino que sea perezoso. Como lo es el capitalismo que tanto se ha beneficiado de las políticas y las medidas legales adoptadas por el gobierno de Uribe para estimular lo que él mismo ha llamado ‘la confianza inversionista’. Y que ha sido tanta que los beneficiarios de tal confianza se han vuelto perezosos o se les ha agudizado la pereza. Y cuando hablo aquí de pereza me refiero al hecho de que los grandes inversores, tanto nacionales como extranjeros, han decidido evitar completamente cualquier riesgo y en vez de invertir en la creación de nuevas empresas, capaces de diversificar, sofisticar y potenciar el tejido industrial del país, se han dedicado a comprar las empresas ya existentes. Ya sean privadas como en los casos muy sonados de Avianca o de Bavaria. O estatales como en el caso de Ecopetrol, ETB o - como insiste ahora en hacerlo el Gobierno con Emcali. O sea que Colombia invirtió por lo menos la primera mitad del Siglo XX para crear su primera infraestructura industrial y de servicios moderna sólo para que al finalizar dicho siglo sus gobiernos hayan hecho suya la insensata idea de favorecer la venta de esa misma infraestructura a la clase de inversores que no están dispuestos a tomarse la molestia de crear nuevas empresas. La capacidad de innovar asumiendo riesgos empresariales ha desempeñado un papel histórico tan decisivo en el impresionante desarrollo del capitalismo norteamericano que, cuando el pasado gobierno de Bush suprimió el impuesto a la herencia, Bill Gates y George Soros -que no están afiliados al partido comunista, que yo sepa- pagaron una página entera del New York Times para denunciar que esa medida era un grave atentado contra ‘el espíritu empresarial típicamente americano’ que abría las puertas a la cristalización de una oligarquía económica ‘a la europea’ tan ostentosa como ineficiente. Ellos sienten pavor por las consecuencias económicas y sociales nefastas de una medida destinada a favorecer a los herederos perezosos. Eva María Uribe no debe ser perezosa. Pero yo me pregunto si no habría sido mucho más productivo que ella, en vez de dedicar como empleada pública tantos años a la privatización de Emcali, hubiera dedicado ese tiempo y esos esfuerzos a actualizarla y potenciarla como empresa pública en vez de entregarla sin más a los inversores perezosos. Nos habría hecho un favor a los caleños y se lo habría hecho a sí misma.

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