Capital Animal

Junio 17, 2016 - 12:00 a.m. Por: Carlos Jiménez

En eso, en Capital Animal, es en lo que pretenden convertir a Madrid los promotores del proyecto del mismo nombre, que esta semana ha concluido su primera edición. Para ellos si esta metrópolis desea seguir ostentando la primacía entre las ciudades españolas debería hacerlo no simplemente como capital política del país sino como la más destacada en la defensa de los derechos de los animales. Como la ciudad que con mayor decisión abra su mente y su corazón a quienes son nuestros semejantes a pesar de que llevamos siglos maltratándolos despiadadamente. O en el mejor de los casos, tratándolos como meros objetos destinados a remediar nuestras míseras carencias afectivas o a someterse dócilmente a nuestras extravagancias y caprichos. Como la ciudad capaz de suscribir por fin lo que lo Liliana Ossa ha venido defendiendo entre nosotros durante tantos años y con una constancia admirable: un tratado de paz con los animales.Obviamente esta propuesta encuentra muchas resistencias. La más sensata es la de los racionalistas que argumentan que sin la cría y el sacrificio igualmente masivo y sistemático de los animales nuestra actual industria agropecuaria no se podría mantener en pie. Pero la más apasionada es justamente la de aquellos que si algún título reclaman para Madrid es la de capital taurina de España y que con igual vehemencia afirman que la plaza de toros por antonomasia es la de Las Ventas. A la que llegan a equiparar con una catedral. De allí que entre la multitud de acciones desplegados en el marco de esta primera edición del estratégico proyecto animalista, la que más ronchas ha levantado ha sido precisamente la exposición Otras tauromaquias, realizada en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, coincidiendo con los 200 años de Las tauromaquias de Goya. Exponer las obras fieramente anti taurinas de una veintena de artistas contemporáneos en un sitio tan emblemático como la Real Academia y coincidiendo con un aniversario tan señalado de la 1 edición de una las series de grabados más notables de Goya, les resultó a los taurinos madrileños más que un agravio un verdadero insulto. Y como no podía ser de otro modo el venerable como el ABC destacó entre los diarios que abrieron sus páginas a los críticos de esta exposición con un artículo que decía que la dichosa exposición traicionaba la memoria de quien fue en vida tan gran artista como buen taurino.

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