Camellos y ballenas

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De pronto todas las criaturas sintieron que sobre sus cabezas se cernía...

Camellos y ballenas

Junio 07, 2013 - 12:00 a.m. Por: Carlos Jiménez

De pronto todas las criaturas sintieron que sobre sus cabezas se cernía un peligro mortal. La peor amenaza de la que hasta entonces tenían noticia, había aparecido sobre la faz de la Tierra: el hombre. Y fue tal su miedo que, venciendo todos odios y los miedos que las separaban, decidieron reunirse en la asamblea más vasta y heterogénea que se había visto jamás. Querían juntar sus inteligencias y experiencias para encontrar entre todos la mejor respuesta a la pregunta que a todos concernía vitalmente: ¿Qué hacer? Los debates fueron arduos e interminables: eran demasiadas las diferencias, los intereses, las opiniones, los lenguajes, las propuestas, las estrategias como para que siquiera fuera imaginable a corto plazo un acuerdo. En medio del bullicio ingobernable las ballenas y los camellos -que todavía eran miembros de una misma familia de mamíferos terrestres- formaron un apasionado corrillo. “Si por obra del hombre el planeta entero ha de convertirse en un erial - dijeron quienes habrían de convertirse en camellos- vayámonos ahora mismo al desierto y acostumbrémonos desde ya a sobrevivir en medio de la arena, las tormentas asfixiantes y la falta de agua y de alimentos”. “¡No!”, replicaron los restantes: “Ni siquiera en el desierto estaremos a salvo. Es mejor que busquemos ahora mismo refugio donde ni siquiera la capacidad destructiva del hombre podrá alcanzarnos: el océano. Son tan desmesuradas sus dimensiones que siempre serán mayores que las enormes ansias destructivas de los hombres. Allí estaremos a salvo, aunque para estarlo debamos convertirnos de nuevo en peces. Como todos nosotros lo fuimos un día”. Han pasado muchos miles de años desde aquella asamblea mítica y de aquel corrillo legendario y ya ha llegado la hora de evaluar sus resultados. Los camellos siguen allí, trasegando las dunas interminables y soportando estoicamente la adversidad del desierto. De las ballenas habría que decir, en cambio, que cada vez con mayor frecuencia los habitantes de las costas mauritanas encuentran en la playa los cadáveres de ballenas muertas en el intento de encontrar su propio camino al desierto. Los océanos se nos han quedado pequeños y ni siquiera al islote más remoto y la más profunda e impenetrable de sus simas están hoy a salvo de nuestra infinita capacidad de devastar y aniquilar.(El 5 de junio celebramos una vez más el Día mundial del Medio Ambiente… y seguimos tan campantes).

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