Caimanes en el Polo

Agosto 16, 2013 - 12:00 a.m. Por: Carlos Jiménez

En días pasados he conocido dos documentos inquietantes, ambos referidos al calentamiento global que nos está achicharrando. El primero es un informe publicado por la revista Science - firmado por un equipo de investigadores del Carnige Institute y de la Universidad de Stanford - que entre sus conclusiones incluye la muy alarmante de que el calentamiento global que estamos padeciendo avanza diez veces más rápido que cualquiera de los producidos por causas naturales en los últimos 65 millones de años. O sea cuando se produjo la extinción de los dinosaurios y que causó que 10 millones de años después el polo norte se calentara tanto que en él había palmeras y caimanes, como ahora, en la Amazonía. Imaginen la temperatura en el trópico: ¡El agobiante clima de hoy de Barranca debió parecerse entonces y por contraste al actual clima del Cocuy! El otro documento está firmado por la Agencia Internacional de Energía y fundamenta seriamente la desconfianza de los especialistas en que el calentamiento global se pueda siquiera ralentizar si esperamos hasta 2020 para actualizar la Convención del Cambio Climático firmada en 2009. Estamos batiendo todos los índices previstos –puntualizan- y va a ser prácticamente imposible que podamos alcanzar la meta señalada entonces de limitar el incremento del calor a los 2 grados centígrados si antes no tomamos medidas urgentes. No ignoro que estas noticias nos dejan a la mayoría de nosotros indiferentes, porque estamos tan instalados en la cultura de la impotencia que creemos que es muy poco lo que podemos hacer porque al final de cuentas no contamos para nada en el mundo. Por mucho que Santos saque pecho y nos diga que el mundo por fin nos tendrá en cuenta si firmamos TLC a diestro y siniestro y si nos aceptan en la Otan, aunque sea de aguadores. El problema en realidad es que sí hacemos cosas que cuentan efectivamente en el balance global, aunque desgraciadamente de manera negativa. Entre las acciones urgentes sugeridas por el informe de la AIE está la de poner coto a la deforestación, que en nuestro caso sería del Andén Pacífico y la Amazonía, que como bien sabemos nuestros gobernantes permiten, por el contrario, avanzar a pasos agigantados. Otra, es suprimir los subsidios a los combustibles fósiles, entre los que se cuentan el petróleo y la gasolina, subvencionados, al igual que al automóvil, por gobiernos a los que sin embargo resulta ruinoso subvencionar la salud pública universal.

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