Arte y religión

Noviembre 08, 2013 - 12:00 a.m. Por: Carlos Jiménez

Karl Marx calificó a la religión de “opio del pueblo” y el gran historiador y crítico literario norteamericano Harold Bloom, -autor del Canon de Occidente- de “poesía del pueblo”. Yo estoy de acuerdo con ambos. La religión es un fenómeno tan extendido, duradero y complejo como para que hoy podamos compartir sin más ni más la irrisoria pretensión de los revolucionarios franceses de destronar a Cristo para entronizar en su lugar a la diosa Razón. Por esta razón -valga la paradoja, lo confieso, soy racionalista- no me sorprende nada que la actual edición del Premio Luis Caballero de las Artes de Bogotá se haya repartido entre un primer premio concedido al artista José Alejandro Restrepo y un reconocimiento a la obra del joven artista Carlos Castro. Las obras de ambos coinciden en la temática religiosa, en una coyuntura como la que actualmente atraviesa Colombia, en la que en sus desaforados tugurios se libra una feroz guerra de altavoces entre el catolicismo y el protestantismo. Con el catolicismo a la defensiva y el protestantismo, en todas sus proteiformes modalidades, avanzando desafiantemente. En esta reñida disputa por el alma de las mayorías populares colombianas, José Alejandro Restrepo se ha situado, con su obra Ejercicios Espirituales, del lado de la interpretación individualista, subjetivista si se quiere del inabarcable amor divino. La que inauguró Ignacio de Loyola con sus ejercicios homónimos y que Roland Barthes leyó subrayando su formidable carácter teatral. Evidente en la secuencia de performances que acompañaron la videoproyección de la obra de Restrepo en la Casa del Teatro Nacional de Bogotá, inequívocamente teatrales. Carlos Castro, en cambio, ha puesto en cuestión mediante su participación en el Premio Luis Caballero la dimensión política del culto al Sagrado Corazón. La influyente versión católica, barroca, contra reformista del amor divino. Su intervención en dicho Premio, Belleza accidental, se centró en la consagración de Colombia en 1902 al Sagrado Corazón de Jesús, que se quiso perpetuar con la basílica del Voto Nacional, situada en el corazón simbólico de la Capital de la República, ahora gravemente herido por la miseria y la marginalidad. Y que aunque esa consagración fue excluida del orden jurídico por la Constitución Política de 1991 ahora vuelve a imperar en la política nacional gracias a las perturbadoras acciones del procurador Alejandro Ordóñez, ese intransigente integrista.

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