Argentina

Febrero 13, 2015 - 12:00 a.m. Por: Carlos Jiménez

El otro día Álvarez Gardeazábal dedicó El Jodario a criticar el hecho de que el presidente Santos no permita la bajada del precio de la gasolina a pesar del desplome generalizado del precio del petróleo en el mercado mundial. Y para apoyar su crítica recurrió al ejemplo de la Argentina, donde la bajada del precio de la gasolina ya se ha producido, a pesar de que dice “ese país está peor que nosotros”. Yo suscribo la crítica pero no comparto la tesis de que Argentina está peor que nosotros. Sospecho que nuestro afamado novelista recurrió a ese símil influenciado por la “mala prensa” que afecta actualmente al gran país austral. Pero igualmente estaría en desacuerdo con Gardeazábal aunque él hubiera echado mano de las estadísticas que señalan que el año pasado nuestra economía creció a un ritmo más acelerado de lo que lo hizo la economía argentina. Esas tasas de crecimiento son engañosas porque están altamente condicionadas por los flujos de los capitales golondrina, que cuando llegan masivamente las inflan y que cuando se van las desinflan como, mucho me temo, están a punto de hacer. Entre otras razones por el desplome de los precios del petróleo y del resto de las materias primas. A la hora de evaluar y comparar países entre sí, yo prefiero recurrir a informaciones y datos que dan cuenta de una manera más verosímil del grado efectivo de desarrollo un país porque se refieren al grado de diversidad y sofisticación de su aparato productivo, el nivel educativo de la población y de calificación de su mano de obra, la calidad de sus infraestructuras, incluida la infraestructuras educativas y científico-técnicas, etcétera. Desde este punto de vista la aparente superioridad colombiana con respecto a la Argentina se desvanece como un espejismo. Y conste que no lo digo con alegría sino con tristeza. Nuestras diferencias quedan bien claras en el campo de los satélites espaciales. A fines del año pasado Argentina colocó en órbita el Arsat-1, un satélite de telecomunicaciones de tres toneladas y 16 metros de envergadura, diseñado y construido íntegramente por científicos y técnicos argentinos que con esta hazaña situaron a su país en el exclusivo club de los siete países del mundo capaces de construir satélites de envergadura. Por el contrario, en 2007 colocamos un nano satélite de 10 cm 3 y 1 kilo de peso, diseñado en la Universidad Sergio Arboleda, que funcionó unos meses y ¡ya se desintegró!

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad