Angelino Garzón

Angelino Garzón

Junio 25, 2010 - 12:00 a.m. Por: Carlos Jiménez

A Angelino le conocí hace muchos años, cuando él era un dirigente sindical, yo un líder estudiantil y coincidíamos en esas interminables reuniones de debate político en los que se le iba y todavía se le sigue yendo la vida a la izquierda de este país. Después nos perdimos durante años la pista hasta que un día compré el diario El País de Madrid y encontré reproducida en su primera página una foto conmovedora en la que se le veía abrazando a una chica y llorando a moco tendido. El editor gráfico del periódico, Jesús Polanco, había elegido esa imagen para comunicar al mundo la intensidad del dolor con el que tantísimos colombianos recibimos la noticia del asesinato de Carlos Pizarro. Episodio trágico que nos embolató una vez más el camino de la paz. Nuestro siguiente encuentro ocurrió igualmente en los periódicos, donde me enteré de sus discrepancias públicas con Juan Manuel Santos. Ambos eran entonces ministros del gobierno de Andrés Pastrana: Angelino lo era de Trabajo y Santos de Hacienda y el motivo de la polémica fue el que desde hace más de dos décadas domina la política nacional: los ministros de Hacienda que piden que la restricción del gasto público pase por el desmantelamiento de la legislación laboral. Algo tan difícil de tragar por los sindicatos de trabajadores como por cualquier ministro del Trabajo medianamente sensible a los problemas de estos últimos. El episodio, en cierto sentido rutinario, me llamó la atención por la audacia con la que Angelino rompía la tradición de los ministros colombianos de abstenerse a rajatabla de hacer públicas sus discrepancias con otros ministros o con el mismísimo Presidente. Disciplina de perros, que decía Laureano Gómez.Pero Angelino no sólo perdió ese debate con Juan Manuel sino que terminó pasándose a su bando, como lo demostró en la Gobernación del Valle aplicando él mismo a rajatabla la llamada disciplina fiscal. Y como lo ha demostrado de nuevo acompañándolo en la fórmula presidencial que ha resultado finalmente ganadora. Angelino debe estar muy satisfecho con todo lo que ha ganado con su cambio de bando. Y lo que yo me pregunto ahora es si estará dispuesto a compartir su satisfacción con los vallecaucanos que no le votamos, pero sí que deseamos que aproveche su papel de enlace directo entre la Presidencia y las gobernaciones y las alcaldías del país en beneficio de los proyectos estratégicos que el Valle está demandando con urgencia.

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