Amazonía en la encrucijada

Agosto 19, 2011 - 12:00 a.m. Por: Carlos Jiménez

Esta semana es crucial para el futuro de la Amazonía. O sea, para esos 10 millones de kilómetros cuadrados, que generan el 20% del oxígeno y la quinta parte del agua dulce del planeta, y cuya suerte nos interesa vitalmente a los vallecaucanos, tanto porque en ella se decide la calidad del aire que respiramos, como porque allí se dan los mismos problemas y los mismos conflictos de intereses que hoy asedian al Andén Pacífico. Aunque hayamos sido separados por el cataclismo que elevó los Andes e invirtió el curso del río Amazonas -convirtiéndolo en tributario del Atlántico y no del Océano Pacífico-, la verdad es que tanto la Amazonía como el Andén Pacífico son ejemplos equiparables del bosque húmedo tropical. Y lo que se haga con él importa tanto allí como aquí.Digo que esta semana es crucial porque ahora mismo se está celebrando en Manaos la Primera Cumbre Regional Amazónica -citada por la Coordinadora de Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica- evento cuya extraordinaria importancia reside en que por primera vez en la historia representantes de los 390 pueblos que habitan la Amazonía se reúnen para discutir conjuntamente qué hacer con la selva. Y para hacerlo no como niños o salvajes, sino como adultos capaces de intervenir decisivamente en el diseño del futuro de un entorno que es suyo más que de las autoridades políticas que desde capitales remotas reclaman su obediencia y su lealtad. Por eso no me sorprende que la Cumbre haya optado por un temario que se arraiga en el pasado cuando reivindica “los saberes ancestrales” de los pueblos que han aprendido a humanizar la selva -y que apuesta por un futuro en el que la humanidad entera pueda aprender de los indios la forma de vivir en armonía no sólo con la selva, sino con toda la naturaleza. A los indios de la Amazonía hay que escucharlos, como hay que escuchar a los del Anden Pacífico si queremos convertir esta zona en nuestro mejor objetivo estratégico.La contrapartida ominosa de la Cumbre Amazónica la representa el empeño de un bloque de parlamentarios brasileños en cambiar el Código Forestal para facilitar la tala masiva y la gran minería. Hoy mismo votan sin importarles que el 85% de los brasileños -según un encuesta reciente- prefieran conservar la selva en vez de consentir una nueva ampliación de la frontera agrícola. Ojalá no se salgan con la suya, porque también nosotros pagaremos las trágicas consecuencias.

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