¿Adiós al nacional?

¿Adiós al nacional?

Septiembre 13, 2013 - 12:00 a.m. Por: Carlos Jiménez

El país se ha puesto de repente a debatir sobre su presente y su previsible futuro con verdadera pasión, como si hubiese comprendido que el Parlamento ya no es el medio más idóneo para hacerlo, por mucho que así lo marque constitucionalmente nuestro sistema político y una tradición internacional que ya dura siglos. Y no se trata solo de las negociaciones de La Habana ni de las mesas de debate y negociación que el gobierno de Santos se ha visto obligado a establecer con los más diversos sectores económicos y sociales: agricultores, mineros, transportadores, estudiantes, etcétera. También los artistas están embarcados actualmente en una intensa polémica que en su caso no ha sido desencadenada directamente por los efectos letales de los TLC sino por la decisión del Ministerio de Cultura de convertir en internacional el que hasta ahora ha sido un evento exclusivamente nacional: el Salón Nacional de Artistas. En principio esta decisión no parece tener nada que ver con los desdichados tratados pero yo descubro una cierta coherencia y un revelador paralelismo entre las motivaciones de los que a nombre del país entero han firmado dichos tratados y los asesores de la ministra Mariana Garcés que han decidido pegarle al salón un ‘revolcón’ y convertirlo en internacional. En ambos casos ha primado el deseo de internacionalizarnos a cualquier precio, incluido el precio de devaluar drásticamente lo que hacemos y poseemos. Porque si para algo ha servido el Salón Nacional ha sido para revisar y valorar la producción artística nacional y para ponerla en conocimiento de nuestro público. En su primera etapa su escenario exclusivo fue Bogotá, pero desde hace mucho se nacionalizó mediante la realización de salones regionales que multiplicaron el público del salón y potenciaron el acceso de los artistas de las regiones al escenario privilegiado de la capital: los mejores artistas de los regionales podían exponer en el de Bogotá. Con el modelo actual -que ahora se estrena en Medellín- los artistas de los regionales no tienen garantizado el acceso al salón nacional y los mismos artistas nacionales sólo son una minoría en un salón donde la mayoría son extranjeros. “Es que así garantizamos la calidad del salón”, argumentan los defensores de este ‘revolcón’, contrariando en primer lugar la excelencia de su legado y creyendo además que la única manera de internacionalizarnos es entregándole el país a los extranjeros.

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