¿A dónde va?

¿A dónde va?

Septiembre 27, 2013 - 12:00 a.m. Por: Carlos Jiménez

Si, a dónde va la cultura en Cali es la pregunta que hoy le concierne de la manera más apremiante. Porque la polémica desatada a raíz de la decisión de Mariana Garcés de ningunear a Incolballet y a su festival internacional de danza con el fin de abrirle paso a una inesperada bienal internacional de danza ha puesto sobre el tapete el problema mas general de si nuestra cultura se orienta definitivamente hacia el espectáculo o mantiene su capacidad de aunar el juego con el rigor, la sensibilidad con la inteligencia, el goce inmediato con la reflexión duradera, la tradición con la innovación. Los firmantes del Manifiesto de la antropofagia cultural, puesto en circulación hace unos cuantos días, no están dispuestos a renunciar a esta posibilidad y se rebelan contra la decisión de la ministra no solo porque atropella el valioso legado de Gloria Castro sino porque ven en esa decisión un síntoma de hasta qué nuestras autoridades todavía consienten que los recursos públicos destinados al arte y a la cultura sean manejados de manera caprichosa e irresponsable por quienes no tienen suficiente consciencia de lo que son el arte y la cultura. Ni de su radical importancia. La cultura es, para nuestra vergüenza, la cenicienta de los presupuestos públicos y parece que lo único que en realidad pretenden, quienes creen que les han escriturado a perpetuidad la gestión de sus recursos, es cubrir la pobreza de los mismos con el brillo engañoso y fugaz de las lentejuelas. El Petronio Álvarez está abocado a la misma disyuntiva, tal y como lo advierte claramente Jorge Humberto Muñoz en un artículo titulado melancólicamente Al Petronio vienen y se alejan. Él denuncia con todas las letras cómo en los últimos años el propósito original del festival, que era el de ofrecer un escenario privilegiado a las músicas olvidadas del Andén Pacífico, ha sido distorsionado o por lo menos seriamente eclipsado por la promoción desquiciada de la gastronomía y de la moda. Y se escandaliza porque el menoscabo de la integridad del Petronio lo sea también de la dignidad de los artistas que convoca. Para ellos no hay ni el dinero ni la oportunidad en la entrega del mismo que garantice que su participación en el festival no equivalga a una agonía. Ni siquiera pueden escucharse con tranquilidad unos a otros – se lamenta Muñoz – porque no tienen quién los lleve a su hotel si deciden quedarse a escuchar a sus pares. ¨ Lo triste es así ¨, sentenció el poeta.

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