Una luz en medio de la oscuridad

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La gente le tiene miedo a enfrentar sentimientos de dolor o pérdida,...

Una luz en medio de la oscuridad

Junio 04, 2014 - 12:00 a.m. Por: Carlos E. Climent

La gente le tiene miedo a enfrentar sentimientos de dolor o pérdida, y muchos optan por ignorarlos en un esfuerzo inútil para sacarlos de su conciencia. Inútil, porque esos sentimientos se crecen en el silencio a la par de la sensación de injusticia, y quedan guardados esperando el momento de manifestarse.Algunos bienaventurados hacen su catarsis hablando de su dolor. Otros, abrumados por circunstancias invencibles, como muertos en vida, permanecen con sus secretos hasta el fin de los tiempos.Perder un ser querido, situación inexorable en la vida de las personas, es un hecho real que los más afortunados pueden expresar abiertamente. Eso les permite elaborar el duelo y, dependiendo de las circunstancias, tarde o temprano aceptar la pérdida. Sacan lo mejor de sus capacidades adaptativas, logran reacomodar su vida y siguen adelante.Cuando se es víctima de un trato injusto, de una traición, de un engaño, de un maltrato evidente o disimulado, de privación injusta de la libertad o de violación sea física o psicológica lo importante es reconocerlo y poder hablar de la infamia que se está viviendo. Este sería el comienzo del duelo y el primer paso hacia la liberación.Pero no siempre esto es posible, pues cada cual maneja el proceso como puede. Por un lado están las personas que se rebelan utilizando sus propias fuerzas, combaten al tirano, y en asocio de circunstancias propicias, salen adelante. Por el otro están las que se deprimen, se desmoralizan, se abandonan, aguantan en silencio y van asistiendo al deterioro de sus defensas inmunitarias con la secuela de variadas enfermedades físicas y mentales.Al tener que seguir aguantando pasivamente el maltrato, sabiendo que no tienen como cambiar su realidad, tragándose su dolor en silencio, sin dejar ver la profundidad del sufrimiento, se constituyen en las víctimas más desesperanzadas para quienes la muerte se insinúa como su única redención.Es a ellas a las que Ruby Rumié, brillante artista Cartagenera ha dedicado buena parte de su creativa sensibilidad. Dentro del marco de la Primera Bienal de Arte Contemporáneo de Cartagena de Indias aparece su bellísima exposición, “Hálito Divino”, en la cual se adentra en el “mudo calvario” de 100 mujeres maltratadas por su pareja provenientes de orígenes modestos de 30 barrios de Cartagena. A través de un proceso simbólico, cada una de las participantes en un lugar íntimo “exhaló” su experiencia dolorosa en una vasija que se selló y lacró con sus iniciales para encapsular su tragedia personal.Ellas supieron que no se merecían ese destino y que si bien el maltrato de género era lo común en sus familias de origen, no estaban inexorablemente condenadas a repetir tales experiencias. Es la liberación íntima a través de la catarsis.Si bien la mayoría de ellas probablemente ha seguido su vida en las mismas condiciones porque las crueles circunstancias las superan, el compartir su dolor a través de estos rituales, se constituye en el nacimiento de la esperanza, en un instrumento reparador y en una luz en medio de la oscuridad.

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