Tocar fondo

Octubre 09, 2016 - 12:00 a.m. Por: Carlos E. Climent

“La verdad os hará libres” es un principio que aplica a todo en la vida, pero es especialmente cierto con relación a los adictos.La adicción es una enfermedad grave que afecta a una persona, pero que puede dañar familias enteras. La adicción no es solo a fármacos (alcohol, marihuana, cocaína o pepas) sino a personas (apegos), al poder, a los juegos de azar, a la adrenalina del riesgo que lleva a la persona a transitar siempre al borde del abismo económico, legal o penal, al teléfono celular, a la comida, al sexo, a la pornografía, entre muchos otros.A nivel del enfermo, los obstáculos para ayudarlo están representados en su enorme potencial para distorsionar la realidad a través de verdades a medias o mentiras descaradas.El drogadicto, por ejemplo, gasta una gran cantidad de energía convenciendo a los demás: “Yo estoy en control de la droga...la estoy dejando poco a poco...etcétera”. O culpando a los demás de sus problemas alegando que no lo entienden, o no le dan lo que necesita para ser feliz.Lo que el adicto no puede ver, porque el proceso es lento y marrullero, es el desangre silencioso de lo mejor de su ser. Tampoco le deja ver como la vida lo ha ido relegando a una superficialidad mediocre y destructiva. Y lo ha convertido en un ser patético que desperdicia todas las oportunidades.A nivel de la familia, la labor destructiva la realizan los co-adictos, ese comando de apoyo de la enfermedad, conformado por padres, hermanos, cónyuges u otros asociados que individualmente o en conjunto se encargan de reforzar la adicción.Tal reforzamiento ocurre de manera abierta o disimulada, negando, encubriendo o minimizando las conductas patológicas, utilizando “pañitos de agua tibia” para atacar problemas que requieren soluciones de fondo o simplemente decidiendo, por comodidad o egoísmo, que los tales problemas no existen. Para los adictos el punto de retorno ocurre cuando la vida les muestra la cara más fea de su situación, ya sea porque pierden el trabajo, los echan de la casa, se enferman, se les daña el matrimonio, sufren un accidente o fracasan. En los casos afortunados en los que las complicaciones no acaban con ellos, el golpe puede obligarlos a ser más realistas.Cuando el enfermo es confrontado y, honestamente, reconoce su realidad ha dado el primer paso hacia el proceso de curación. En ese momento acepta humildemente que es un mentiroso, que llegó al punto de no retorno, que se quedó solo ante sí mismo y que no puede echarle la culpa de sus dificultades a nadie más. En consecuencia, no hay espacio para más cuentos, ni más disculpas.Para respaldar este proceso se requieren cambios puntuales en la familia:*Aceptar la realidad.*Reconocer que la imagen idealizada de su pariente murió.*Elaborar el duelo de esa pérdida (hijo, cónyuge o hermano).*Reconstruir la relación, con lo que quedó de su ser querido. (No con lo que hubieran deseado).“Tocar fondo”, ese término tan utilizado en rehabilitación, aplica a todos los involucrados. Para el enfermo representa no volver a mentir. Para la familia significa no dejarse echar más cuentos.

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