Terquedad y soberbia

Junio 19, 2015 - 12:00 a.m. Por: Carlos E. Climent

Ninguna de las dos condiciones aparece en estado puro, pues nada en el comportamiento humano es tan claro y homogéneo. Hay fachadas de soberbia que son más defensivas que reales. Y hay tercos a quienes no se los aguanta ni su madre. Para descifrarlos es importante conocer el perfil psicológico de cada uno los personajes. Ninguno de los dos acepta sus errores, no por falta de inteligencia sino por una persistente particularidad de su carácter: la obstinación.Según la Real Academia de la Lengua Española terquedad es la condición del pertinaz, obcecado e irreducible. Sus sinónimos incluyen entre muchos otros la inflexibilidad, la rigidez y la intransigencia. En este individuo prima la firme resolución de rancharse en una idea o en un deseo propio. Detrás de toda esa fachada de autoafirmación es probable que se esconda la necesidad de no perder el control. Prima, por tanto, el no ceder a las pretensiones o argumentos de la contraparte. Su objetivo fundamental es resistirse a las influencias externas; razón por la cual no buscan consejo para tomar una decisión.Como el grupo de los tercos es heterogéneo, hay dentro de él personas sanas y personas con trastornos mentales. Aspectos de una y otra circunstancia, la salud y la enfermedad, se entrelazan para producir reacciones muy diversas. Cuando esta persona se equivoca le cuesta mucho trabajo aceptarlo y sufre de una gran sensibilidad a la crítica. Dependiendo de la magnitud de su patología y el grado de confianza que puedan ir construyendo, algunos de los individuos con estas características podrían llegar a aceptar sus fallas. La soberbia –según el mismo diccionario– está relacionada con altivez y apetito desordenado de ser preferido a otro...satisfacción y envanecimiento por la contemplación de lo propio con menosprecio de los demás.... o ira expresada con acciones descompuestas o palabras altivas e injuriosas. Frente a un reclamo por un error considera que no le debe explicaciones a nadie pues le acompaña la pretensión de quien jamás se equivoca y no vacila en ratificar su posición por irracional que sea. El soberbio suele ser orgulloso, prepotente, frío, calculador, cínico y manipulador. Y además disfruta de jugar con los sentimientos de los otros. Dotado de tan negativas “virtudes” considera que el resto del mundo debe acomodarse a su planteamiento. Tal posición lo lleva a la certeza (falsa por su puesto) de su clara superioridad sobre los demás. En consecuencia todos deben inclinarse –sin discusión– a su voluntad. En resumen, el soberbio sufre de un narcisismo posiblemente de raíces malignas, con quien la discusión es una pérdida de tiempo, pues jamás aceptará estar equivocado. Y es capaz de hacerse matar antes de conceder que está equivocado. De éste sujeto es mejor alejarse pues las posibilidades de cambio real son cercanas a cero.Con la persona simplemente terca, pero de noble corazón, las cosas pueden ser diferentes. Y la convivencia con ella es posible pues podrían aparecer comportamientos genuinamente generosos.

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