Reír llorando

Reír llorando

Agosto 17, 2014 - 12:00 a.m. Por: Carlos E. Climent

Raquel lleva una vida cómoda pues nada le falta. Hace parte de la “familia perfecta” que suele posar en la foto social donde todos los integrantes, incluyendo a la abuelita y al perrito, aparecen sonriendo felices para la posteridad. Pero en privado confiesa que se aburre como una ostra, que su única preocupación es sobrevivir el día-día, pues la abruman quehaceres cotidianos que no la gratifican, los compromisos sociales impuestos y especialmente, el tener que decir SI, cuando quisiera decir NO. Incapaz de poner límites, con los años se fue hundiendo en un cansancio justificado porque hacía demasiadas cosas y terminaba extenuada y sin tiempo para ella. Para sorpresa de su familia, que había asumido que las disfrutaba enormemente, la invadió una pereza inexplicable para realizar las actividades que por años había hecho con brío.A la pereza siguieron la indolencia y el desinterés. Finalmente la paralizó una apatía viscosa de la cual no se pudo desprender por más esfuerzos que hacía. Cuando aparecieron las primeras ideas de suicidio, asustada y en secreto, acude al consultorio del especialista en comportamiento. La razón del secreto obedecía a que eso de mostrar infelicidad no tenía cabida en el esquema vital de esta familia. Pero mucho menos en ella, que había acostumbrado a todo el mundo a verla como un ejemplo de la alegría sonriente. El diagnóstico clínico, si bien no aparece en los gruesos volúmenes de las clasificaciones psiquiátricas, fue un caso más de complacencia suicida. Algo similar a este caso ocurre a millones de personas en el mundo entero que se dedican a complacer para sobrevivir. Están muertos pero no se han dado cuenta. Han sucumbido a sus tiranos en un intento inútil de combatir la falta de sentido de sus vidas. Deprimidos, recurren para anestesiarse a cualquier adicción. Alcohol, cocaína, marihuana, pepas, otras drogas, sexo, pornografía, comida, ambiciones, poder, dinero, trabajo excesivo, entre otras mentiras.La depresión es tratable si se la identifica oportunamente. Pero es necesario tener en cuenta que se agrava por la predisposición genética depresiva, las presiones de la vida y en especial por la negativa a reconocerla. Este conjunto de infortunadas circunstancias no infrecuentemente lleva al suicidio como una solución a un problema considerado como insoluble. De ella no se salvan ni los bendecidos por la fama. Nos lo recuerda el poeta:"El carnaval del mundo engaña tanto, que las vidas son breves mascaradas; aquí aprendemos a reír con llanto y también a llorar con carcajadas".La estrofa final del “Reír Llorando” de Juan de Dios Peza, bien podría ser el epitafio de Robin Williams que apareció muerto en su apartamento en lo que decidió fuera el último acto de su periplo terrenal. Con una larga historia de depresión y adicciones, y la incapacidad de manejar su vida profesional con el éxito de tiempos pasados, el comediante que hizo reír a medio mundo, finalmente decidió ser congruente con su torturada vida interior y se ahorcó con su propio cinturón.

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