¿Por qué se acepta el dominio de un enfermo mental?

¿Por qué se acepta el dominio de un enfermo mental?

Noviembre 01, 2015 - 12:00 a.m. Por: Carlos E. Climent

Las personas sanas, no las enfermas, son las que deben regir los destinos de la familia. Pero contrario a tan sabio principio, lo que suele ocurrir es que es el miembro más perturbado del núcleo familiar el que suele dominarlo todo.Ejemplos de seres irracionales dominantes incluyen entre muchos otros:*El “borderline” quien armado de su inestabilidad emocional y sus arranques impulsivos, puede destruir familias enteras antes de ser identificado y tratado.*El fóbico que pretende que sus allegados se acomoden a su “miedo a todo”.*El anciano deteriorado que la mayor parte del tiempo está tan confuso que no sabe ni donde se encuentra y a veces no reconoce ni a sus propios hijos, pero que sigue siendo el que decide sobre muchas cosas incluyendo su propio tratamiento.*El paranoide con su desconfianza, celos, terquedad, suspicacia, total intolerancia a cualquier crítica y su sempiterna actitud prepotente, rencorosa y discutidora, es el más grande de los retos, especialmente cuando la patología ha ido escalando a conductas irracionales, amenazantes y agresivas. El paranoide es el caso más difícil y requiere estrategias para no dejarse enredar en discusiones interminables porque sólo así se podrán poner límites a la tiranía de la enfermedad. Este tema será motivo de próximos análisis.Las razones por las cuáles personas sanas aceptan el dominio de un enfermo mental, tienen que ver con miedos varios: a herir, a la confrontación, a perder la comodidad, a la sanción social o familiar, a la incertidumbre, a las retaliaciones, a las agresiones verbales o físicas o a las amenazas suicidas, entre muchos otros.*Mucha gente le huye al conflicto y se niega a poner límites a conductas inaceptables, porque asume, erróneamente, “que ello puede dañar la relación”. Por esa causa adopta una posición sumisa y se acomoda a los abusos. Pero la comodidad lleva a sus víctimas a “sobrevivir”, no a “vivir” plenamente, y se convierte en una fuente inagotable de miseria personal.*La tal “sanción social” es un cuento porque, por fuera de la casa, todo el mundo sabe quién es el personaje perturbado de la familia. Las opiniones de las personas que no hacen parte del núcleo íntimo de la familia (parientes, amigos y la sociedad entera) no pueden ser las razones para aguantar en silencio y no poner límites al enfermo. Pues éste, protegido por el temor que infunde, se escuda en la opinión tolerante de sus defensores externos a quiénes poco importa lo que realmente ocurre a los más allegados del enfermo, que tienen que aguantarse la pesadilla cotidiana.*La incertidumbre sobre el futuro debe cambiarse por la determinación de acabar con la vida insoportable que se lleva en el presente.Las posiciones autoritarias de los enfermos irracionales, son humillantes y conducen inexorablemente a la irritación, a la saturación, al resentimiento y a la indiferencia, cuando no al odio. Todo este proceso podría evitarse si la persona asustada se documenta, entiende las razones de sus miedos y actúa con firmeza.

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