Narcisismo, xenofobia y racismo

Narcisismo, xenofobia y racismo

Agosto 07, 2016 - 12:00 a.m. Por: Carlos E. Climent

Hay políticos transparentes, inteligentes y con una verdadera capacidad de servicio y sacrificio. Hay otros seres mediocres que se creen más importantes de lo que realmente son y que en realidad sufren de un severo trastorno mental denominado narcisismo. Estos últimos son capaces de crear, por las más oscuras razones, una imagen grandiosa de sí mismos que mucha gente se cree y que ellos mismos terminan creyéndose.Determinar quién es el verdadero político y quien está para servirse a sí mismo, inflándose en el proceso, es tarea que debe realizar cada ciudadano. Las siguientes descripciones pueden ayudar a aclarar la diferencia.Al enfermo narcisista, vestido de “político” lo caracteriza su:* Voracidad por el poder.* Arrogancia, prepotencia y grandiosidad que puede llevarlo a perder el contacto con la realidad y a considerarse el redentor que el mundo ha estado esperando.* Gran egoísmo.* Frialdad.* Indiferencia respecto al dolor ajeno.* Tendencia a utilizar la vida pública para brillar su ego y manipular a las personas.* Interés fingido por los demás, mientras dura la seducción de la campaña electoral.* Deslealtad, que ocurre con relación a la amistad, las ideas, los partidos, los socios, los equipos de trabajo, los subordinados y los jefes políticos.* Capacidad calculada para traicionar y sacrificar al que se atraviese en el camino de sus ambiciones. Cabe anotar que nunca traiciona los principios fundamentales porque nunca los tuvo.* Obsesión por el dominio y el control de las personas y la exigencia de fidelidad y control absolutos.* Habilidad para neutralizar de manera calculada a quien pueda llegar a hacerle sombra; o alternativamente para atacar con la fuerza de la irracionalidad a quien lo contradice.* Mediocridad que le permite vivir de las apariencias.Cada lector podrá clasificar los personajes nacionales de acuerdo a sus propias observaciones. Como columnista no tengo el menor interés de entrar en polémicas políticas con mis conciudadanos, pero ilustro los dos extremos del problema con dos líderes de otras latitudes que además ya pasaron a la historia por razones bien diferentes.Por un lado, Nelson Mandela el líder surafricano que quedó inscrito para la eternidad como el paradigma de lo que es un líder respetable. Después de 27 años en una estrecha celda, salió sin resentimientos a redimir con inteligencia y generosidad a su pueblo de la más oprobiosa de las dictaduras racistas. A él no aplica ni una sola de las características de la lista anterior.Y por el otro, Donald Trump una caricatura del peor de los narcisos para quien la lista anterior se quedó corta. Alabado en lo comercial y menospreciado en lo político, astutamente ha incitado al odio de clases, latente en el alma de muchos. Asegurándose de esa forma perversa, una posibilidad real de convertirse en la cabeza de la nación más poderosa de la tierra.Gane o pierda las elecciones ya pasó a la historia como el personaje oscuro sin ideas que detectó que lo que había que explotar en la gente eran dos de sus más oscuras pasiones: la xenofobia y el racismo.

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