Los restos del ultraje

Enero 15, 2017 - 12:00 a.m. Por: Carlos E. Climent

Si no hubiera sido por las cámaras de seguridad que identificaron el vehículo en el cual fue raptada Yuliana Samboní, la niña de 7 años violada y asesinada en Bogotá, ella hoy sería una estadística más que se habría sumado a la larga lista de niños violados y desaparecidos de los cuales nadie habla. Y excepto su familia más cercana, nadie más se hubiera dolido porque simplemente: ¿Qué noticia es una niña humilde que desaparece?El identificar al violador y asesino, como un miembro de la clase más favorecida, despertó al supuesto “país más feliz del mundo” a la realidad atroz de una sociedad enferma, con un número enorme de violadores y un estado irresponsable que no hace mayores esfuerzos para proteger a sus niños.Es difícil pensar de otra manera si se aceptan las cifras de Medicina Legal que aseguran que en Colombia hasta noviembre del 2016 se habían registrado 15.082 casos de violencia sexual contra niños entre los 4 y 12 años, lo que representa apenas una fracción de los crímenes que realmente ocurren. Y que para la Corte Penal Internacional en Colombia la impunidad en violencia sexual esté muy cerca al 100 %.El que nada efectivo se haga frente a esta escalofriante realidad es responsabilidad de todos.La gran insensibilidad social que este hecho brutal ha desnudado está representada en:*El poco énfasis que se le ha prestado a la víctima y sus circunstancias, comparado con el masivo interés dedicado al crimen mismo y al asesino.*El poco interés en señalar que la víctima fue seleccionada por el asesino por ser pobre, humilde, indefensa y “desechable” y por vivir en un barrio donde el adulto poderoso se siente con el derecho y la libertad de elegir la presa a su antojo, arrebatarla de su familia y llevársela para hacer con ella lo que le plazca. Y si las cosas no le salen “bien”, terminar “el paseo” haciendo desaparecer el cadáver.*El entorno del incriminado que no reconoce la enorme responsabilidad que le corresponde por haber tolerado, ocultado y minimizado (seguramente por años) conductas claramente antisociales que de haberse denunciado a tiempo hubieran evitado mucho dolor.* Los medios de comunicación que se adelantan a exonerar o incriminar a distintas personas, sobre bases deleznables, cuando lo que se debe hacer frente al símbolo siniestro de la más espantosa ofensa a la inocencia infantil, es esperar los resultados de las investigaciones.*Un delito de una perversidad que no tiene defensa de ninguna clase, que contrasta con el silencio de las fuerzas más influyentes de la sociedad que no reclaman con vehemencia acciones correctivas y preventivas al respecto de los crímenes cotidianos que se siguen cometiendo contra menores de edad.*Una sociedad en la cual muchas personas siguen escandalizadas porque un representante de lo más granado de la sociedad hubiera caído tan bajo y hubiera metido a su familia en “semejante problema”. Pero que tiende a olvidarse del dolor de la madre humilde destrozada que no pudo acariciar en su último adiós la pureza infantil de su hijita, porque en ese féretro blanco estaban solo los restos del ultraje.

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