Los peores consejeros del suicida

Los peores consejeros del suicida

Agosto 24, 2014 - 12:00 a.m. Por: Carlos E. Climent

Muchos suicidios son evitables ya que el enfermo casi siempre da señales de su situación crítica antes de realizar el acto mortal. Unas veces es la frase suelta, la nota lúgubre o el comportamiento fuera del contexto normal de la persona. Otras es el impacto de un fracaso que no pudo ser asimilado, una enfermedad que le arrebató las esperanzas, la muerte de la única compañía o una experiencia desgarradora que le robó el sentido a la vida. Pero la posibilidad de anticiparse a los hechos, infortunadamente y en muchísimos casos, queda reducido a la teoría. En la vida real las cosas son más complicadas pues circunstancias significativas para el suicida pueden ser tan sutiles que resultan incomprensibles para los allegados por responsables que sean. En lo que hay mucho por hacer es en la neutralización de ciertos consejeros que en vez de aliviar, empeoran el riesgo suicida. Se destacan entre muchos otros a los: Negadores. Muchísima gente, por temor, rechaza la idea de la depresión porque le cuesta trabajo entender que es una enfermedad real ocasionada por factores que se salen de su control. Como por ejemplo las circunstancias endógenas o genéticas o incluso los factores externos que precipitan el cuadro clínico. El pulso que hay que dar con los miedos del paciente a la locura, es la lucha que con más frecuencia se libra en los consultorios de los especialistas. Simplistas, cómodos o insensibles. “A usted no le pasa nada, lo que tiene que hacer es tomarse unas vacaciones, comer mejor, tomar más vitaminas, comprarse un perro o…poner de su parte”.Enemigos de oficio de la psicología y la psiquiatría. En este grupo, por las mismas razones anteriores y tantas veces discutido en este espacio, están los más obtusos consejeros del suicida. Los que niegan, no sólo la depresión, sino todos los demás trastornos mentales y la ciencia que los ha comprendido y redimido por siglos. Asustados. Los individuos dependientes no pueden tolerar la depresión de su progenitor, hijo o cónyuge porque eso los dejaría muy desamparados. Por esa razón minimizan los síntomas o los interpretan como originados en cualquier otra circunstancia más fácil de asimilar.Charlatanes, inflados y prepotentes hacen parte del mismo grupo de ignorantes que en conjunto se constituyen en los consejeros del más alto riesgo. Abusando de la gran susceptibilidad del paciente deprimido dictan cátedra y hablan con gran propiedad de lo que no tienen idea. “Los que aman demasiado”. Con el pretexto de que “es por su bien”, dominan posesivamente a su allegado y lo protegen de todo mal y peligro pero en especial de las garras de la medicina. Estos peligrosos guías descarrilados no dejan que su pariente acceda a nadie distinto a ellos mismos. Son los únicos que pueden opinar sobre el estado emocional de sus “protegidos” y por supuesto lo último que harían sería considerar un tratamiento científico.Entre unos y otros se reparten la responsabilidad de haber ignorado los riesgos suicidas de sus seres queridos.

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