Los padres y la marihuana

Junio 04, 2017 - 06:15 a.m. Por: Carlos E. Climent

Muchos padres responsables sufren porque sospechan que sus hijos fuman marihuana pero no se atreven a confirmarlo, a pesar de ser de fácil identificación. Pero lo niegan porque no quieren incomodarse, porque les duele o porque no quieren enfrentarse a una pelea. Ellos saben que en su actitud prepotente, el hijo piensa que se las sabe todas y es capaz de cualquier argumento. Por ejemplo:
"¿Y es que no ha escuchado al Ministro que dice que la marihuana tiene muchos menos problemas que el alcohol; más bien cuídese usted viejito que se la pasa tomando trago los fines de semana?". En consecuencia callan y solo intervienen cuando les toca aceptarlo por la fuerza de serias circunstancias.

El consumo se suele acompañar de cambios en la actitud, el comportamiento habitual, evasividad y retroceso académico o laboral. Los síntomas físicos incluyen el típico ojo rojo, olor inconfundible de la ropa, variaciones del apetito, boca seca y taquicardia. La intoxicación puede durar de unos minutos a varias horas después de haber entrado en contacto con la droga; la magnitud de los síntomas depende de las condiciones individuales y la cantidad utilizada.

El proceso de intoxicación es relativamente fácil de diagnosticar por la euforia, la risa inapropiada, la grandiosidad, los períodos de sedación y letargia, las dificultades en la memoria, el juicio inapropiado, las percepciones sensoriales distorsionadas, la dificultad para ejecutar algunas funciones motoras, la sensación de que el tiempo pasa lentamente, la ansiedad y la disforia. En los períodos en los cuales, por obligación, deben abstenerse de usar esta droga, se manifiestan los signos del retiramiento, constituidos por episodios de irritabilidad, rabia o violencia; y con menor frecuencia las dificultades para dormir, la inquietud, la ansiedad y los estados de ánimo depresivos; también pueden presentarse disminución del apetito y pérdida de peso o dolores abdominales, temblores, sudoración inexplicable o cefaleas.

Una vez los padres han logrado una relativa certeza sobre el uso de la droga (no es necesario estar absolutamente seguros) se procede a la confrontación que se realiza lo más directamente posible. Recordando que el proceso puede pasar por varias etapas:

1. Negación y rabia (“No es verdad”).
2. Justificación (“Todos fuman”)
3. Promesas (“Si ustedes no me vigilan, ni me molestan yo puedo dejarlo”)
4. Condiciones (Por parte de los padres, por supuesto)
5. Propuesta de ayuda (Si los padres se han fortalecido podrán enfrentar la negativa del joven a recibirla)

Pero sobre todo, entender que se trata de una estrategia no negociable, en la cual los que deciden son los padres no los hijos, pues su salud no se puede condicionar a inoficiosos acuerdos democráticos.

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