Los iluminados

Los iluminados

Febrero 06, 2015 - 12:00 a.m. Por: Carlos E. Climent

El Festival Hay de Cartagena siempre le mueve algo a los afortunados que logramos superar sus abarrotadas puertas para escuchar de viva voz a los escritores. Muchos de ellos seres iluminados que tienen el coraje de desnudar sus sueños en público y mostrar cómo se resuelven misterios. Sus narraciones fueron un verdadero banquete para la inteligencia y una muestra de respeto hacia la diversidad humana. Gracias a todos ellos. El énfasis de esta nota tiene relación con el futuro de la patria. En medio de la barahúnda del Hay, mezclado entre historiadores, académicos, ensayistas, premios Nobel, minorías, lagartos y curiosos, estaba un personaje a quien, debo confesar, no tenía interés en conocer. Así son los prejuicios. Como le pasa a media Colombia, me había formado una idea preconcebida del proceso de paz por parecerme que el Estado se estaba metiendo en una “sin salida”. Y no quería contrariedades en mi fin de semana de puro placer. Pero unos buenos amigos nos dejaron sus boletas para un conversatorio que Humberto De la Calle sostendría con Jody Williams, premio Nobel de la paz. Más por conocer a esta última que por verlo a él, terminé yendo a pesar de mi alergia innata a los políticos que había agudizado mi resistencia a escucharlo. Entonces logré ver a De la Calle como alguien diferente al que había juzgado y pude modificar mis propios sesgos al respecto de una persona sobre quien ignoraba muchas cosas. Resultó ser un iluminado. Un ser transparente, serio, práctico, inteligente y respetable. Un poeta de corazón, montado en un potro brioso y con la confianza de poderlo domar, pues su enorme determinación y la firmeza de su carácter no permitirán manoseos ni del Presidente, ni de Timochenko, ni de nadie. Alguien que asegura que la firma de la paz es pura palabrería si no se respalda con hechos. Si el proceso se daña, no será por él. Me quedó claro que en La Habana se va a firmar la paz. Así que no nos sigamos haciendo los locos. Punto. Ese es un hecho irreversible así Santos sea un vanidoso insufrible (a quien hay que abonarle que nombró a De la Calle), así nos tengamos que tragar sapos muy grandes y así los guerrilleros de las Farc sean considerados por la ley como criminales y sean detestados por la inmensa mayoría de los colombianos. De la Calle tuvo como interlocutora a una mujer insolente, tan iluminada como genial, cuyo atributo menor es ser premio Nobel. Ella asegura que el final de la guerra sólo vendrá cuando, de manera verificable, las Farc se comprometan a desminar el país, dejen de reclutar niños, violar niñas y someter mujeres indefensas. Ambos concluyen que para lograr la verdadera paz es necesario que cada colombiano acepte su responsabilidad en el proceso. Identifican la raíz del problema en la insensibilidad y la indiferencia de todos. Pues en Colombia, machista por excelencia y subcampeona mundial de las minas antipersonas muy poca gente hace algo para cambiar realidades tan espantosas. carlosecliment@gmail.com

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