Los esfuerzos estériles

Los esfuerzos estériles

Junio 18, 2017 - 05:30 a.m. Por: Carlos E. Climent

Un padre desesperado porque empieza a notar conductas homosexuales en uno de sus hijos, concluye que tales inclinaciones se deben a la falta de correctivos más fuertes o a las malas influencias. Entonces, toma acciones de fuerza encaminadas a “enderezar” lo que considera que está torcido. Sin darse cuenta que con esa estrategia no sólo ha renunciado a la responsabilidad parental por excelencia, velar con amor por los intereses superiores de su prole poniendo unos límites claros pero respetando la individualidad, sino que ha dado inicio a un viaje estéril cuyo destino final es el deterioro de la relación con el hijo que le preocupa.

Pero convencer a este padre es tarea difícil pues él responsabiliza tales manifestaciones a ciertos factores externos supuestamente modificables. Y no concibe que puede ser algo estructural inmodificable.

Las tendencias homosexuales en un joven se pueden interpretar de diversas maneras. Ya sea como:
* Un período de duda y confusión sobre su sexualidad que hace parte normal del proceso de quien está apenas empezando a definir su orientación sexual.
* Un deseo de emancipación.
* Un acto de rebeldía y rabia contra una autoridad que el joven percibe como impositiva, absurda, dictatorial o indiferente.
* Una manipulación.

Si se trata de un homosexual o no, ello llega como conclusión no como el inicio de un proceso de análisis, ya que son más frecuentes las circunstancias descritas anteriormente que la condición homosexual propiamente dicha. Si la condición homosexual es una realidad no va a cambiar ni por consejas ni por mucha fuerza que hagan los padres. En cambio si se trata de simples dudas, probablemente pasajeras sobre su identidad sexual, éstas serán superadas espontáneamente después de un tiempo.

En cualquiera de las alternativas anteriores, el oponerse cerreramente solo contribuirá al distanciamiento, pues la peor estrategia parental es usar la fuerza para persuadir al joven a cambiar sus ideas. La imposición de criterios lo único que logra es crear barreras tan absurdas como inútiles.

Infortunadamente en su desesperación por solucionar rápido algo que les incomoda, muchos padres asumen posiciones rígidas, controladoras, intolerantes o rechazantes que solamente logran ahondar las diferencias, aumentar la distancia y aumentar la ira.

Unos padres equilibrados y amorosos son comprensivos y tienen más interés en escuchar que en hacer discursos para imponer puntos de vista inflexibles. No intervienen, ni manipulan, ni obligan, sino que abren un compás de espera, reflexionan, consultan y dan tiempo a que la persona evolucione. Y son capaces de aceptar la orientación sexual de su retoño, así ello represente un golpe duro a sus expectativas.
Si la conclusión es que su hijo/a es homosexual, lo/a aceptan porque entienden que no se puede modificar el curso inexorable de la naturaleza a través de actitudes controladoras o autoritarias. En consecuencia abandonan la estéril tarea de cambiar lo inmodificable y se dedican a amar a su hijo/a y a recuperar el tiempo perdido.

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