Los antidepresivos y el dogmatismo

Marzo 05, 2015 - 12:00 a.m. Por: Carlos E. Climent

La depresión es una enfermedad que afecta a millones de personas y es la causa # 1 de incapacidad a nivel mundial. Hunde a sus víctimas, que se sienten rechazadas y confusas, en un mundo oscuro de inenarrables sufrimientos que nadie entiende. No pocas veces la solución que muchos pacientes severamente deprimidos encuentran, para aliviar esa tortura, es el suicidio. En consecuencia no puede haber duda en que lo fundamental es ayudar al paciente, aliviar su sufrimiento y evitar el suicidio. En el tratamiento de una enfermedad tan compleja no se tienen respuestas sencillas que se acomoden plenamente a una u otra teoría. Lo más seguro es que sea necesaria una combinación de estrategias que atienda las necesidades de cada paciente en particular. Pero cualquier método o combinación de métodos que alivien el sufrimiento del paciente en el menor tiempo, es válido. La depresión no es un asunto cerebral exclusivamente. Es un trastorno que tiene importantes anclajes biológicos que es imposible desconocer, cuya manifestación y severidad dependen de variadísimos factores psicológicos, que se agravan o se atenúan por las circunstancias del entorno. Es el trípode bio-psico-social sobre el cual descansa la explicación de la inmensa mayoría de los trastornos médicos. Los antidepresivos son una parte fundamental del proceso de recuperación del enfermo deprimido. Este es un hecho sobre el cual no me voy a extender porque la evidencia es demasiado apabullante y la respaldan miles de millones de pacientes que vienen beneficiándose de estos productos en el mundo entero. La psicoterapia es el complemento de los fármacos y nadie le puede negar su valor. No se trata de darle unas pepas al paciente deprimido y mandarlo a la casa, eso sería una inapropiada práctica médica, que infortunadamente algunos especialistas realizan presionados por la falta de tiempo. Un proceso de duelo normal no requiere medicamentos. Llorar la pérdida y acomodarse a la nueva realidad de la vida, sin el ser querido que desapareció, es un proceso natural que requiere tiempo y en el cual sólo cabe acompañar al doliente. Administrarle antidepresivos a un proceso de duelo normal no sólo es innecesario, sino que se constituye en un error terapéutico. Negarle los antidepresivos a un paciente severamente deprimido es una grave omisión que hace responsable al profesional en caso de que ese paciente se quite la vida. En cualquier caso constituye una mala práctica médica. Los estados de aceleramiento, las hipomanías y las manías hacen parte del mismo espectro depresivo, que si antes se denominaba enfermedad maníaco depresiva hoy se denomina trastorno bipolar. La semántica no cambia lo fundamental. En comportamiento humano nadie es dueño de la verdad absoluta. En depresión mucho menos. La rigidez, la ignorancia y la prepotencia de los dogmatismos (tan vecinos al oscurantismo) han hecho más daño a los pacientes deprimidos que la misma enfermedad. carlosecliment@gmail.com

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