Las grandes fallas del juicio

Agosto 31, 2014 - 12:00 a.m. Por: Carlos E. Climent

¿En qué momento me quedé dormido para despertarme en un planeta donde, en países civilizados, se le permite a niñas de 9 años usar ametralladoras? El hecho en sí mismo parece sacado del informe de inteligencia de un campo de entrenamiento de sicarios o terroristas infantiles en los desiertos del medio oriente o en las afueras de Bogotá, ya que se ha puesto de moda el utilizar niños para cometer asesinatos por la imposibilidad de judicializarlos. O el producto de una imaginación calenturienta en donde aparece una niñita abandonada en un mundo peligroso que tiene que defenderse por sus propios medios, armada hasta los dientes.Pero no. Es una realidad que ocurrió en una pequeña población de Arizona, EEUU donde no pasa gran cosa y donde funciona “Bullets and Burguers” un centro de “diversión” familiar donde acuden los padres con sus hijos a pasar el día, utilizar armas de fuego y comerse una hamburguesa. Imagino que además del “alborozo” experimentado en este centro, mucha gente dentro de su canasta familiar incluye la leche, el pan, los huevos y su propia ametralladora. Todo luce muy normal pero es, para decirlo levemente, inaudito. Supuestamente es un juguete más que es bueno saber manejar desde muy temprano en la vida para defenderse de los posibles peligros. Y qué mejor que una ametralladora para lograr esos objetivos. En otras palabras es una descomunal falla del juicio de todo el mundo. Que arranca con los padres que, por su apetencia a las armas, exponen a sus hijos a semejante aberración, pasando por los que se idean el negocio, hasta llegar al Estado que tolera semejante circunstancia sin inmutarse. Detrás de todo, seguramente con la mejor intención, está el loable deseo de darle seguridad a su hija y enseñarle alguna técnica que le mejore su autoestima. Algo tan natural como inscribirla en clases de gimnasia olímpica o piano. El instructor fue trasladado en helicóptero al hospital más cercano pero no alcanzó a llegar con vida pues a pesar de que solo le tocaron unos pocos de los proyectiles, el que le atravesó el cerebro fue suficiente para matarlo. La escabrosa noticia no va a sobrevivir más allá de unos pocos días porque será reemplazada por otras más taquilleras. El hecho ocurrido no pasará a mayores. El responsable de poner en manos de un menor de edad un arma tan letal no tendrá que pagar ninguna pena pues se murió en el proceso. Además, allá todo eso es legal. La “American Rifle Association” le echará la culpa al instructor que no pudo controlar la situación. No se aplicarán los correctivos necesarios para impedir que estas lamentables situaciones se sigan sucediendo porque la poderosa asociación que protege a los usuarios de armas, se encargará de echarle la tierra necesaria encima, no sólo al desdichado instructor, sino a las demandas (si las hay) que puedan surgir como consecuencia de este lamentable asunto. Claro que hay cosas mucho más graves, pero este hecho pone de relieve la ligereza como las más graves fallas del juicio se pueden pasar por alto cuando hay intereses de por medio.

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