La triste historia del usuario de marihuana

Junio 22, 2014 - 12:00 a.m. Por: Carlos E. Climent

Un ejemplo que suelo utilizar para contrarrestar el efecto nocivo de tal sofisma es el que publiqué hace dos años y que trascribo de nuevo. Desde entonces a la fecha, nuevos usuarios se han sumado a los que siguen utilizando esta potente droga adictiva cuyo efecto más destructivo se evidencia en la pérdida de la motivación y el abandono de la lucha por ideales más elevados. Asuntos que ni se pueden medir, ni señalar con precisión, porque tanto los adictos como sus familias están ahogados en esa patria boba en la cual llegaron a la conclusión que no había nada que se pudiera hacer para cambiar esa triste realidad. “El ejecutivo que viene nuevamente a consulta porque su matrimonio se desbarató y se siente muy mal, tiene hoy 62 años y lo atendí por primera vez cuando tenía 20. En aquella oportunidad fue llevado por sus padres porque le descubrieron unos cigarrillos de marihuana en el bolsillo de un pantalón. Revisando mis notas de entonces me encuentro la misma letanía que he escuchado tantas veces: Todo el mundo lo hace. Yo domino el asunto. La fumo cuando quiero y la dejo cuando quiero. Es mejor que el alcohol porque no produce cirrosis, ni embotamiento. Lo hace a uno más brillante y más creativo. Muchos ejecutivos exitosos la fuman.Este hombre se creyó sus cuentos. Sus padres también. Las múltiples circunstancias de la vida pusieron el tema en un segundo plano al tiempo que el consumo solitario se convertía en su compañía cotidiana. En un acuerdo tácito nadie en la casa cuestionaba sus conductas. Su esposa lo sabía con certeza y se lo aguantó hasta cuando se saturó y le planteó la necesidad de una separación. Ella no se aburrió de la marihuana sino del hombre, quien cada vez más borroso se fue convirtiendo en una sombra de sí mismo. Si la mediocridad en la cual se convirtió la vida personal, familiar, laboral y social de este hombre es producto del uso de la marihuana que ha utilizado rutinariamente por más de 40 años, es un interrogante que a ciencia cierta no se resolverá nunca. Pero se sabe por simple observación clínica que el abuso de la marihuana, al igual que el de otras drogas incluyendo el alcohol, desdibuja a las personas hasta dejarlas reducidas a su mínima expresión. En el caso que nos ocupa, esta droga fue tomando un lugar cada vez más preeminente en la cotidianidad de su vida. Unos cachitos a la semana, pusieron en un segundo plano otras actividades. Seguía yendo a trabajar, sudaba en el gimnasio y alternaba socialmente cuando se tomaba unos tragos, pero su desmotivación era evidente. Y así fue perdiendo el entusiasmo por vivir. Refugiado en cualquier rincón, este hombre se había ido desapareciendo envuelto en las volutas de cannabis. La droga de la felicidad que supuestamente le hacía ver los colores más vivos y le permitía escuchar la música con gran deleite, la compañera fiel de tantas noches, finalmente le había pasado una altísima cuenta de cobro”. En la próxima columna se plantearán algunas ideas para enfrentar esta epidemia.carlosecliment@gmail.com

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