La suprema injusticia

La suprema injusticia

Julio 31, 2016 - 12:00 a.m. Por: Carlos E. Climent

Es una infamia condenar, por cuenta de un error diagnóstico, a un médico honrado con una hoja de vida intachable, quien a sus 78 años de edad va a terminar en la cárcel y multado con una suma tan absurda que lo obligaría, a los ingresos médicos actuales, a trabajar otros 78 años. La condena se realizó sin tener en cuenta ni su trayectoria de servicio de toda una vida ni la enorme dificultad que existe para hacer diagnósticos en medicina.Los errores médicos son humanos pero es preciso distinguir entre los que merecen recibir todo el peso de la ley porque han sido irresponsables; y aquellos ocasionados por las grandes dificultades para precisar diagnósticos que ni bajo el ojo clínico del más sabio de los profesionales pueden definirse con certeza absoluta. Pues en algunas ocasiones la línea que separa lo certero de lo equívoco es demasiado fina. Situación que ocurre aún en patología, una de las ramas más exactas de la medicina.Édgar Duque es un brillante patólogo dedicado al ejercicio honesto de esta profesión durante cerca de 50 años. Como profesor de la Universidad del Valle contribuyó a la formación de muchas generaciones de médicos. Como patólogo en ejercicio realizó diagnósticos acertados en cientos de miles de muestras de tejidos que condujeron a determinaciones terapéuticas oportunas que significaron la salvación de muchísimas vidas.El caso del carcinoma ductal de mama que aún para el ojo más experto puede confundirse con la adenosis esclerosante (lesión que de todas maneras implica un riesgo relativo de contraer cáncer), es un ejemplo entre muchos en el que las dificultades diagnósticas y sus consecuencias son grandes.Si el diagnóstico histológico es de malignidad, lo prudente es buscar una segunda opinión (pues en medicina nadie es el dueño de la verdad absoluta), después de confirmarlo y estudiar todas las condiciones de la paciente, la conducta que va desde un tratamiento conservador hasta uno radical, es definida por el cirujano en compañía del paciente. En este caso la decisión fue una mastectomía radical.La sevicia con la cual se define la condena contra el patólogo en este caso configura una injusticia aberrante: cárcel por 10 meses y multa de $4.700.000.000.00. Es prudente recordar que la remuneración de los médicos que trabajan honradamente solo permite unos ingresos para llevar una vida decorosa, no para enriquecerse.Todo lo anterior ha sido azuzado por los medios de comunicación sensacionalistas y aceitado por los siniestros personajes que se lucran en el proceso.Lo que significa esta condena de la Corte Suprema de Justicia contra un profesional meritorio al servicio de la comunidad, por un error humano, en un caso de difícil diagnóstico es que se ha criminalizado el ejercicio de la medicina. Tan grave decisión de tan alto tribunal constituye jurisprudencia. En consecuencia, de hoy en adelante en Colombia todos y cada uno de los médicos de cualquier especialidad que realicen diagnósticos están sometidos al riesgo de ir a la cárcel y a pagar multas grotescas.

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