La rabia embotellada

Octubre 25, 2015 - 12:00 a.m. Por: Carlos E. Climent

Las personas no acuden al psiquiatra o al psicólogo por la rabia como tal porque, en la gran mayoría de los casos, no se dan cuenta del papel tan destructivo que juega en sus vidas. Lo que lleva a consultar al especialista son los desequilibrios emocionales o físicos resultantes de la rabia embotellada. Lo que equivale a decir ira represada, no identificada y no verbalizada. Los desequilibrios emocionales ocasionados se manifiestan entre otras muchas formas en los estados recurrentes de irritabilidad, intolerancia, insatisfacción, angustia o depresión, relacionados con conflictos insolubles o reclamos guardados por mucho tiempo. Todos los trastornos físicos, sin excepción, están mediados por las emociones. En especial por aquellas emociones perturbadoras que se pretenden desconocer. Ignorar tan importantes emociones lleva a tratar el síntoma y a desconocer la base del problema. Estos desequilibrios carecen de una causa clara y se manifiestan de mil maneras. Entre muchas otras se mencionan los recurrentes procesos infecciosos, los síntomas inexplicables, los dolores variados de etiología desconocida, el cansancio crónico y todos los así llamados trastornos psicosomáticos. Las dolencias físicas de estos pacientes son infinitas y pueden afectar cualquiera de los sistemas orgánicos. Frente a cada crisis, el organismo tiende a expresarse sintomáticamente eligiendo siempre los mismos sistemas. Si en las crisis anteriores fueron las cefaleas, los mareos, los vértigos o los dolores variados los que torturaron al paciente, esos mismos síntomas se vuelven a repetir en cada situación de conflicto. De igual manera ocurre con las inflamaciones diversas del tracto gastrointestinal que pueden-según el individuo-ir desde el reflujo hasta el sangrado de hemorroides, o desde la gastritis hasta los síntomas originados en el colon. O los síntomas cardiovasculares. O las dificultades sexuales. O las descompensaciones endocrinas. O el eczema y la psoriasis, para mencionar unos pocos ejemplos. Cuando se empieza a hablar con estas personas, se evidencia que:• Son incapaces de hablar con franqueza de aquellas cosas que les incomodan.• Se volvieron expertos, por miedo, en eludir las confrontaciones.• Tienen temor de enfrentar los asuntos “pendientes” con sus allegados.• Están convencidos de que los conflictos se pueden resolver sin sufrimiento.• Piensan que reclamar un derecho, hablar con vehemencia o decir las cosas de frente, es ser agresivo.• No pueden sacudirse los parásitos que dominan su vida.Para ayudar a estos pacientes, lo fundamental es que una vez tratada la emergencia médica, se le otorgue el valor justo a los factores emocionales. Esta mirada integral del problema del paciente lleva a suspender exámenes, procedimientos y tratamientos innecesarios y a focalizarse en las prioridades emocionales. Tal estrategia constituye el inicio de un fundamental proceso hacia la recuperación de la salud perdida, pues le permite al paciente aceptar que la solución no radica en seguir escondiéndose detrás de los síntomas.

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