La manipulación es ave de corto vuelo

Mayo 25, 2014 - 12:00 a.m. Por: Carlos E. Climent

¿Se puede seguir insistiendo en el juego limpio a pesar del triunfo sistemático del candidato poderoso pero sin ideas, que apalancado en los grandes medios de comunicación es el verdadero amo de la maniobra calculada, el golpe marrullero y oportuno, el ocultamiento y la fachada?¿Vale la pena seguir defendiendo los principios de honestidad cuando es evidente que siempre triunfa la corrupción porque encuentra alianzas en todas partes y porque tiene la capacidad de repartir jugosos beneficios? La descomposición social es el medio de cultivo donde crecen los asesores que transitan al borde de la ley, expertos en desacreditar sistemáticamente, en negar descaradamente, en olvidar convenientemente, en distorsionar perversamente y luego en asignarle al adversario toda su mugre interior. ¿Se puede sobrevivir de manera incontaminada en el mundo altamente competitivo de la sociedad moderna donde se mide a las personas por el éxito, no por el mérito? En el que importan los resultados (así sean comprados) no la palabra comprometida. En el que el cinismo y la inmoralidad son aceptadas como estrategias legítimas de lucha: “A usted lo hemos contratado para que produzca resultados favorables no para que tenga consideraciones éticas con nadie. Esos romanticismos quijotescos no sirven de nada”. ¿Qué tan útil es ejercer limpia y dignamente una labor-pública o privada-si ello implica enfrentarse a casi todo el mundo? A superiores “diplomáticos” que no dudan en eliminar al subalterno frentero (pero incómodo) para dar contentillo a la insidia, al tiempo que preservan su imagen política, a los beneficiados de la hipocresía y los chanchullos o a los que no pagan las deudas o las multas que, con justicia, les cobran. ¿No será mejor ser insensible y no andar tan preocupado por los sentimientos de los demás? “De esa manera yo sufriría menos y tomaría decisiones más objetivas que redundarían en mi propio beneficio”.En los últimos tiempos he escuchado a varios ciudadanos con limpias hojas de vida hacerse estas preguntas. Son personas estrictas en el cumplimiento de sus obligaciones y rectos en todo lo que hacen. Pero están abrumados y confundidos por la corrupción generalizada que los rodea y por la vida fácil y boyante que se encuentran disfrutando muchos conocidos que tomaron el camino torcido.La respuesta es que SÍ vale la pena luchar contra lo irregular. La batalla la puede dar cada persona trabajando honestamente. Pero también haciendo uso de un juicio equilibrado en el momento de, por ejemplo, elegir al compatriota más idóneo para regir los destinos de la patria. Sin olvidar que no será ni el más vivo, ni el más poderoso, ni el de mejor fachada, ni el que pueda pagar los asesores más astutos. Pues tales características suelen ser contrarias al orden social y finalmente encuentran su merecido. No es sino mirar la historia, llena de ejemplos en los cuáles la justicia tardó pero finalmente castigó a quienes se enredaron en sus propios hilos de manipulación. carloscliment@gmail.com

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