La inutilidad de las actitudes controladoras

Abril 13, 2014 - 12:00 a.m. Por: Carlos E. Climent

Una pareja en la quinta década de la vida busca ayuda por lo que ellos consideran “problemas serios” con su único hijo de 22 años. El padre es un hombre ecuánime y activo profesionalmente quien desde el comienzo del matrimonio entendió que la tranquilidad de la familia dependía de que su esposa no tuviera que enfrentar disgustos. Ella es una dedicada esposa, madre y ama de casa. Pero al mismo tiempo es una mujer controladora que se preocupa más de la cuenta por todo. Cambiando actores y circunstancias, una dinámica parecida está presente en muchísimos hogares.La consulta, buscada por la esposa, se centra en la necesidad de dejar bien organizado a su hijo para cuando ellos falten. Eventualidad bastante lejana, dada la edad de los padres.“Como papás hemos logrado guiarlo y ya está terminando la universidad. Pero desde que comenzó relaciones con la novia actual han aparecido muchos problemas que para nosotros son muy difíciles de resolver. Ella lo domina totalmente, y ahora por su influencia le ha dado por irse a vivir a Australia, lo que consideramos un grave error”.El hijo ha sido la razón de la vida de ambos padres pero especialmente de la madre, que mientras pudo controlar todas las variables de su crianza estuvo tranquila. Pero a medida que el hijo crecía, ella comenzó a estar más inquieta. Cuando no eran los trasnochos, los amigos, los peligros de las drogas, o la agonía de cada madrugada con el hijo fuera de casa a merced de los riesgos de una ciudad “terriblemente” insegura, eran las decisiones del joven que cada vez se acomodaban menos a los parámetros establecidos por los padres. La aparición de la novia y la gran dedicación del joven a ella, acabó por desestabilizar a los padres.Este es un ejemplo, entre muchos, que reafirma algunos principios en el manejo de los hijos cuando estos llegan a la edad adulta:• No hay lugar a cargos de conciencia si, frente a una decisión obviamente inconveniente, después de presentar argumentos oportunos, claros, firmes basados en la lógica y el amor, la persona sigue empecinada en hacer su voluntad. • Lo anterior quiere decir que llegó la hora de soltar, porque siempre hay un momento en que los hijos toman sus decisiones y no hay fuerza humana que las modifique.• Cuando alguien no quiere hacer algo, simplemente no lo hace. Es cuestión de tiempo. Si lo obligan a seguir un plan que no quiere, al final hará su voluntad. • A no ser que se trate de un masoquista, nadie hace lo que no le gusta ni vive de acuerdo a los parámetros de los demás….indefinidamente. La liberación de la autoridad llega inexorablemente. • Muchas veces no hay alternativa distinta a dejar que las personas experimenten las consecuencias de sus propias decisiones.• Los padres no pueden olvidar que los errores pueden convertirse en verdaderos maestros. • Si bien la labor formativa de los padres nunca termina, hay que tener en cuenta que los tiempos cambian y que las personas tienen necesidades variables en las diferentes etapas de la vida. carlosecliment@gmail.com

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