Juego limpio

Julio 06, 2014 - 12:00 a.m. Por: Carlos E. Climent

Independientemente de lo que haya pasado el 4 de julio, la gesta del equipo de fútbol ya es historia y ha dejado un ejemplo digno de tenerse en cuenta. Soplan nuevos aires que han barrido del ambiente la hostilidad de la contienda electoral pasada. La gran pasión nacional se ha encargado de reconciliar a toda Colombia y ponerla a pensar en un país mejor. Ojala esta tónica perdure más allá del mundial. El factor decisivo del cambio lo dieron un grupo de deportistas que mostraron excelencia en su desempeño, lo hicieron disciplinadamente, pero que por encima de todo, jugaron limpio.Lo anterior permite tener esperanza en un país en el cual: *Se entienda que los verdaderos logros no llegan a través de las marrullas, la ambición desmedida, la vanidad narcisista y la agresividad. *Los dirigentes aprendan que más que la prepotencia y la falsedad lo que distingue al líder que contribuye al progreso es la decencia en todos sus actos. Alguien que cuando acepta el triunfo, lo hace con mesura y como producto del profesionalismo disciplinado, serio y silencioso. No se infla con triunfalismos pretenciosos ni prepotentes y su discurso emocionado no incluye ni la pompa ni el revanchismo. *Un liderazgo en el cual no tengan cabida ni las presiones manipulatorias, ni los traquetos (otrora dueños de todo). Ni las roscas de intocables que “mangoneaban a todo el mundo”, ni la deslealtad, ni el cinismo, ni el sarcasmo. Solo el bien común que se fortalece gracias al trabajo sacrificado y la disciplina. *Los brillantes deportistas han resultado inmunes a los efectos devastadores de la gloria. A pesar de que esta les llegó, a muchos de ellos, a una edad muy temprana cuando se hace tan difícil manejarla. *Personas con historias de mérito labradas en largas jornadas de trabajo, sin prontuarios de escándalo, ni deslealtades nacidas en la conveniencia. Que evidencian su noble condición en el compañerismo del juego generoso al dar la oportunidad al que mejores opciones tiene y en el que prima el interés del equipo sobre el individuo. *Hombres nobles que al culminar una gesta heroica, en el momento de la celebración, no reclaman los reflectores exclusivamente para iluminar su ego y no hacen gestos desafiantes, sino que comparten su alborozo con los compañeros.*Si alguien logra sobresalir lo hace por virtudes propias y porque se ajustó al libreto impuesto por el líder respetable. Y, por supuesto, porque en un momento decisivo se sacó de la manga alguna genialidad. Aplicándolo a la vida nacional-soñar no cuesta nada-lo que el momento reclama es:*Unos políticos que realmente representen a la población que los eligió, para que ejerzan sus funciones con honradez intachable. *Una contienda política digna, no basada en el ventajismo, la intriga y la manipulación, sino en la moderación y el decoro. *Un Estado severo pero justo, que premie a los que defienden los principios fundamentales y castigue a los infractores. *En pocas palabras, una dirigencia decente. carlosecliment@gmail.com

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