Hechos, no palabras

Abril 24, 2016 - 12:00 a.m. Por: Carlos E. Climent

Ética, principios, espiritualidad y valores son términos que se han desvalorizado por su uso indiscriminado. Porque muchas veces se trata de discursos teóricos que no van acompañados de unas acciones que los respalden. Y han quedado convertidos en palabras huecas, en simples apariencias, en “golondrinas que no hacen verano” y en promesas incumplidas que primero elevan las expectativas para después terminar frustrando.Las palabras se desvirtúan por las inconsistencias de aquellos que las ensalzan en sus planteamientos teóricos pero las mancillan con sus comportamientos. Entonces, los mejores planes y las mejores campañas se quedan en el papel, no cumplen ningún propósito y contribuyen a la desesperanza general.Cuando las palabras están respaldadas por hechos consecuentes, surgen los genuinos comportamientos cívicos y el verdadero respeto por los derechos de los demás. Y ambos resultados se prolongan a lo largo del tiempo.Muchas personas hablan en teoría sobre las excelsas condiciones que son necesarias para poder calificar como ciudadanos ejemplares y se “rasgan las vestiduras” frente a los comportamientos criticables de los demás. Pero se niegan a ver la patética realidad de sus propias vidas de fachada. Como quien dice: “Ven la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio”.La amistad desinteresada, la franqueza, la consideración y la solidaridad son actitudes sobre las cuales se habla mucho pero se hace poco. En un medio social tan viciado, vivir consistentemente de acuerdo a valores y principios fundamentales se ha convertido en la excepción. Y este proceso de descomposición empezó mucho antes de la corrupción rampante y aterradora que hoy lo inunda casi todo.Para empezar a revertir el negativo efecto de la predilección por las apariencias es preciso:* Que lo fundamental prime sobre lo banal, la profundidad de un afecto sobre la sonrisa fingida y el verdadero compromiso sobre la adulación.* Elegir la honestidad sobre el oportunismo.* Tener más interés en actuar bien que en “lucir” bien.* Apreciar la solidez de una vida meritoria, no la fachada y la pretensión social.* Valorar la frugalidad sobre la ostentación.* No renunciar a los principios básicos para congraciarse con quien puede dar algo.* Preferir la confrontación franca y respetuosa, a la pasividad diplomática, si ello representa la defensa valiente de un comentario constructivo. No confundir confrontación con agresividad. Y no dejarse engañar por quienes creen lo contrario.* Luchar en contra de la pasión de cada cual por la comodidad.* No adocenarse, ni aceptar el llevarle la corriente a las conveniencias por evitar rupturas de supuestas relaciones “convenientes”.Una existencia plena evita contaminarse con las partes más decadentes de la sociedad donde predominan las apariencias, el facilismo y la superficialidad. Cada individuo puede contribuir con la demostración de su propia vida a mejorar el clima de civismo de su comunidad. Y serán los hechos, no las palabras, los que podrán hablar por sí solos.

VER COMENTARIOS
Columnistas