Factores de riesgo inevitables en depresión

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Dos factores inevitables de riesgo para hacer un cuadro depresivo son la...

Factores de riesgo inevitables en depresión

Agosto 03, 2014 - 12:00 a.m. Por: Carlos E. Climent

Dos factores inevitables de riesgo para hacer un cuadro depresivo son la historia genética (padres, hermanos o familiares próximos de sangre que hayan tenido una depresión) y el haber sufrido episodios previos de ésta enfermedad. Quien tiene estos estos antecedentes debe ser más cuidadoso frente a la aparición de síntomas depresivos pues su riesgo de hacer una primera crisis (o de repetirla) es mayor que para el resto de los mortales y por tanto debe tener en cuenta una variedad de factores. La reacción automática de los enfermos es a ignorar los síntomas que sugieren depresión cuando ésta se inicia. Una intervención temprana evita el deterioro y les ahorra mucho sufrimiento al paciente y a sus allegados. Es vital estar atento ante los primeros síntomas para aclarar dudas con presteza, consultar al especialista y lograr así una ayuda oportuna. Hay muchas otras circunstancias personales, interpersonales y del medio ambiente que son también factores inevitables de riesgo. Unos pocos ejemplos sirven de ilustración:Los temibles latigazos desestabilizadores que operan por sorpresa. Cuando las desgracias se pueden anticipar permiten administrar los recursos externos y reorganizar las fuerzas interiores para dar la lucha. Pero a quien le tocó en suerte recibirlas como rayos caídos del cielo le va a tomar un tiempo empezar a entender que le está pasando. En ese período, la negación (“Esto no me puede estar pasando a mí”) lleva a una parálisis que es de duración variable. Entre muchos otros están las enfermedades graves de aparición súbita, el golpe propinado por el crimen en sus infinitas variedades, los accidentes graves, los descalabros económicos y las rupturas afectivas. La desaparición inesperada de un ser querido, uno de los golpes más demoledores, encuentra como alternativa para su manejo, el proceso de duelo que cada cual realiza a su manera. Este proceso suministra a los deudos las herramientas para superar la ausencia definitiva. Pero es la grave desilusión a manos de personas cercanas, supuestamente leales que en un momento actuaron traicioneramente, lo que puede tener los efectos más devastadores y precipitar a la víctima no sólo al abismo de una depresión sino a la enfermedad física y, en no pocos casos, a la muerte “de pena moral”.En unos casos es el proceso de duelo el que se encarga de reconstruir la vida de los sobrevivientes. En otros es la determinación optimista para dar la batalla ante los distintos golpes sorpresivos del destino, las dentelladas de la enfermedad, la crueldad de la traición o los infinitos tropiezos que con gran frecuencia se atraviesan en el camino de las personas. Cada persona encuentra su propia manera de enfrentarlos. Pero en todos opera, de una u otra forma, la capacidad adaptativa de cada cual. Sumada por supuesto a la solidaridad, el afecto y la generosidad de los parientes y amigos. Todo ello en conjunto sirve para aliviar inevitables circunstancias y atenuar profundos dolores. carlosecliment@gmail.com

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